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miércoles, 11 de julio de 2018

EL RETO ATLÁNTIDA FILM FEST 2018 (5)


Antes del post: 24 películas comentadas - 59 películas sin comentar

En el post de hoy, hablamos de identidades individuales y colectivas, de búsquedas de un nuevo destino y de la construcción de verdades oficiales al margen de los hechos auténticos. En todos los casos, el cine se muestra como un agudo escalpelo capaz de llegar hasta el tuétano de la realidad.

- Sección GENERACIÓN:

Una excursión de verano de Igor Bezinovic



Esta película croata dirigida por Igor Bezinovic, detrás de su aparente estructura de cuento popular, esconde, posiblemente, de forma irónica, una lectura política crítica con la oleada de ideologías identitarias que recorren actualmente Europa. Porque esta historia de unos jóvenes que abandonan una rave para lanzarse a buscar un monasterio que alberga unos espectaculares frescos medievales y que, como en una rememoración sin sangre de Diez negritos de Agatha Christie, es el proceso por el que el grupo inicial, escasamente convencido de su dudoso (y crecientemente delirante) peregrinaje, va disgregándose en el camino, funciona como una eficaz metáfora del nacionalismo y de sus limitaciones. El realizador parece querer decirnos que la exploración y la obsesión en el pasado como medio para unir a un conjunto de personas se antoja un empeño inútil y que el presente y, sobre todo, el futuro acaban siendo motores mucho más atractivos para actuar como factores motivadores. Película aparentemente liviana y fresca que, como hemos dicho, encierra lecturas de mucha más enjundia que la sencillez de su envoltorio y logra dejarse ver con agrado en su muy ajustado metraje de 75 minutos.

- Sección IDENTIDAD:

The Wild Boys de Bertrand Mandico


Esta producción francesa, sorprendente e imprevisible, hace pasar al espectador por un viaje interior similar por el que pasan los protagonistas, de modo que si, inicialmente, parece una película de aventuras con un viaje iniciático en su interior servido a través de un barroco y diverso carnaval visual, conforme se va desarrollando, sin dejar de ser eso, se convierte en algo radicalmente diferente centrado en las identidades y en los roles y actitudes que las mismas llevan asociadas. Combinación estética de Besson, de Fassbinder, del spaghetti western, de clásicos a los que homenajea de forma clara como El malvado Zaroff (1932) de Irving Pichel y de Ernest B. Schoedsack y, de forma insospechada, del pensamiento de Virginia Woolf, The Wild Boys, dentro de su envoltura intemporal, encierra un reflejo preciso de muchas de las inquietudes y preocupaciones del presente más inmediato.


Postcards from London de Steve McLean



Nuevamente podemos ver la influencia de Fassbinder en este film británico (clara en esos marineros  que aparecen en la primera escena en el bar y en la referencia explícita de uno de los amigos del protagonista) sobre un imaginado ambiente gay en el Soho londinense. Pero también detectamos la influencia de Julian Temple y su Principiantes (1986), del free cinema y del retrato que hizo de la picaresca Tony Richardson en Tom Jones (1963) o John Schlesinger en Billy, el embustero (1963), y hasta de Almodóvar y sus primeros tiempos punk (¿quizás por eso uno de los personajes, al principio del film, lleva una bufanda de la selección española de fútbol?), de Wes Anderson y su paleta de colores, de Baz Luhrmann y su barroco delirio visual y de películas recientes como El desconocido del lago (2013) de Alain Guiraudie, Pasolini (2014) de Abel Ferrara o Théo & Hugo: París 5:59 (2016) de Olivier Ducastel y Jacques Martineau y su desprejuiciada actitud sobre el sexo gay... En definitiva, un gran festival de referencias que es tamizado por un estilo muy personal por el que una historia sobre el encuentro del protagonista con un grupo de chaperos de lujo en vez de ser puesto al servicio de la sordidez o el mal gusto sirve para adentrarnos en una curiosa reflexión sobre la estética y el arte. Brillante visualmente y original argumentalmente, Postcards from London es ya una de las grandes sorpresas de este certamen.

El Principe y el Dybbuk de Elvira Niewiera y Piotr Rosolowski


Este documental polaco sigue el típico modelo que suele enloquecer a los cinéfilos: una historia que mezcla cine y vida, una historial real que parece una historia de película, una historia que resiste a quedar cerrada y que se abre a mil historias posibles, a mil películas que podrían realizarse aportando su propia versión sobre unas circunstancias que han quedado nubladas por los cataclismos por los que pasó Europa Oriental en los años de la II Guerra Mundial. El Príncipe y el Dibbuk investiga al que, al principio del film, pasa por ser el Príncipe Michael Waszynski, productor y director de renombre que trabajó junto a Samuel Bronston en la producción de La caída del Imperio Romano, se codeó con las grandes estrellas de la época y llegó a aparecer brevemente en La condesa descalza de Joseph Leo Mankiewicz. Pero, poco a poco, sorpresa tras sorpresa, vamos viendo que la personalidad de este cineasta ha sido construida a partir de varias huidas, de varios intentos de borrar las huellas para no dejar rastro. Fascinante y apasionante, la moraleja del desenlace es que, quizás, nunca sepamos quién era realmente el Príncipe Michael Waszynski.

- Sección MEMORIA HISTÓRICA 

I’m a Killer de Maciej Pieprzyca 


Esta película polaca no es que sea una de las mejores películas de las que hemos visto en este certamen sino que también es una de las mejores de las que hemos visto a lo largo de este 2018. Centrada en la investigación sobre los asesinatos del llamado “vampiro de Silesia” a finales de los 70, acaba siendo un certero retrato de cómo y por qué se construyen las verdades oficiales, del efecto de descomposición que genera la violencia en el cuerpo social y en las vidas individuales, más allá del ámbito concreto en que se materializa, y en las implicaciones que se derivan de la pérdida de referentes éticos y morales en una sociedad construida sobre la presencia de un poder omnipotente. Realizada con agilidad, vigor y brío, en la comparación no desmerece en absoluto con posibles modelos como El detective (1968) de Gordon Douglas o Zodiac (2007) de David Fincher.

No intenso agora de João Moreira Salles


Este documental portugués de João Moreira Salles es un documental mayor, una película grande que admite, al menos, dos niveles de lectura. El primer nivel, el aparente, es un recorrido por los movimientos revolucionarios y de protesta que coincidieron en la primavera y verano de 1968 en Francia, Checoslovaquia, China y Brasil a través de imágenes documentales grabadas tanto por profesionales como por estudiantes de cine como por aficionados. Pero un segundo nivel, posiblemente surgido casi de manera espontánea de la nacionalidad portuguesa, es una indagación sentimental en la nostalgia, una disección sobre las causas por las que aflora dicho estado de ánimo y su materialización concreta en los años posteriores a esos meses en los que el mundo pareció que iba a cambiar para siempre. 



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