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lunes, 4 de junio de 2018

ENTREVISTA A LUCIO ROMERO. UNA PASIÓN SIN FINAL (II)


Fotografía de Lorenzo Hernandez


ENTREVISTA A LUCIO ROMERO: UNA PASIÓN SIN FINAL (II)

Hoy, continuamos con la entrevista a Lucio Romero. Empezamos a finales de los 60 y llegamos hasta el siglo XXI. Vamos a tener ocasión de conocer anécdotas divertidas, entrañables pero, al mismo tiempo, de descubrir maniobras torticeras que la envidia puede provocar. Creo que Lucio Romero, a la vez que nos habla de su vida, nos hace un recorrido poco transitado por un mundo donde cabe lo excelso, lo grandioso, lo emotivo pero, también, lo reprochable y censurable. En definitiva, una vida apasionante que a mí, como autor del artículo, ya me ha apasionado, me ha enganchado y me he quedado con ganas de saber más de ella. Pero no crean que hoy acaba el repaso a la vida de Lucio Romero. En la tercera entrega, todavía queda una cuestión cuyo desenlace todavía desconocemos...



Lucio Romero nos sigue contando detalles de su larga carrera como actor (Fotografía: Lorenzo Hernandez)



EL ESPECTADOR IMPERTINENTE: Lucio, ¿qué sucedió a raíz del éxito de No somos ni Romeo ni Julieta?

LUCIO ROMERO: Para empezar, pues que viene mi padre a verme. ¡Por fin viene mi padre a veme!¡A los ocho años de estar en Madrid! Se interesa por mí la prensa de Málaga: el Sur, La Tarde, el Costa del Sol… Homenaje en la Casa de Málaga en Madrid, que estaba en la Puerta del Sol. Me promete Alfonso Paso que voy a hacer la adaptación de la obra al cine pero me dan otro palo porque mi papel lo hace Emilio Gutiérrez Caba… Pero yo creo que no mejoró mi actuación porque Emilio es un gran actor pero no tiene vis cómica. Hay que tener mucha gracia para hacer ese papel… Viene Juan Diego todos los días para ver si me puede sustituir porque me quedo afónico… Alfonso Paso me llevó a un otorrino y me recetó estricnina, que era una droga, unas inyecciones que te las pones y las cuerdas vocales se recuperan milagrosamente pero el efecto sólo dura mientras dura la función porque, cuando termina la función, vuelves a estar afónico… Pero, a pesar de este remedio, el personaje ya no tenía gracia, ya estaba falso… ¡Dio un bajón mi personaje…! Mis compañeros, aterrados… Pero no había día de descanso y eran dos funciones diarias… Trescientas representaciones que hice. Trescientas representaciones… Terminamos la temporada. Estrenamos otra comedia, que se llamó España es diferente… Y fue un fracaso tremendo. Después del exitazo de No somos ni Romeo ni Julieta, España es diferente no gustó nada. 



Cartel de España es diferente de Alfonso Paso (Fuente: Hemeroteca del ABC)



LUCIO ROMERO: Pero me contrata el Teatro Reina Victoria para hacer a Casona. La obra, La dama del alba. Hacía de novio de Marisa Paredes. Conozco a Marisol… Bueno, para explicar esto, tenemos que dar un salto atrás. A mí me contrató Antoñita Moreno para hacer un espectáculo precioso, que se llamaba Ronda de España… Salían composiciones musicales de todas las regiones de España. Ella cantaba todo… Yo iba de presentador, de segundo, un buen sueldo… 


Anuncio publicitario de La dama del alba (Fuente: Hemeroteca del ABC)



LUCIO ROMERO: Y mira por dónde, me llama Isabel Garcés para hacer un vodevil que se llamaba Caroline se ha perdido… ¡Un papel precioso! Con Antoñita Moreno, tenía que hacer los Festivales de España y había que viajar de Vigo a Cádiz, de Cádiz a Valencia, un matadero… Y me llama Isabel Garcés para hacer sólo San Sebastián y Barcelona. San Sebastián, en el Teatro Victoria Eugenia. En Barcelona, en el Teatro Poliorama, en Las Ramblas. Dejo a Antoñita Moreno, que se enfada muchísimo. Me dice: “Yo ya sé que tú eres de Juanita Reina”. Porque yo siempre tenía en el camerino puesta a Juanita Reina… Que Antoñita Moreno cantaba estupendamente pero yo prefería a Juanita de todas, todas… Hago la temporada con Isabel Garcés, que me pagaba menos de lo que lo hacía Antoñita Moreno. Pero a mí nunca me ha importado el dinero. Yo siempre he querido hacer papeles que me gusten. Estando en Barcelona, coincide que llega allí Marisol para estrenar Las cuatro bodas de Marisol. Y, claro, va a ver a su amiga Isabel Garcés.  Yo hacía un papel como el de Betty la fea pero en chico… Feo, con las gafas redondas, los dientes salientes… ¡Muy gracioso, muy gracioso! Entonces, cuando acude Marisol al teatro le dice a su amiga: “Me ha encantado la obra. Pero el chico que hace el Humbertín, es el que más me ha gustado”. Isabel Garcés le dice: “Pues es malagueño”. Y, fíjate, con lo malagueña que es ella, dijo: “Pues yo quiero conocerlo”. Estoy en mi camerino, en el último, y me llama Isabel Garcés: “¡Lucio, que tengo una sorpresa para ti! Marisol quiere conocerte”. Dije: “Espera que me cambie para que no me vea así”. Me arreglé, me lavé un poco, porque salía horroroso… Voy a su camerino y están allí Marisol y su madre, María, y me presentan. Era el año 1967. Marisol, encantadora, guapísima, simpática, sencilla… ¡Me dio una alegría conocerla y tener a mi paisana allí! La madre, también encantadora y guapísima… Me da Marisol su dirección, en la calle María de Molina, y me dice que cuando haga algo en Madrid, la llame para ir a verme. Me dio su teléfono pero nunca la molesté, porque nunca me ha gustado molestar a nadie… Lo fan que era de Juanita Reina y nunca la he molestado. Antonio Banderas me adora y yo adoro a él. Y me dice: “Lucio, lo mejor que tienes es que no me llamas nunca”. Porque lo atosigan… En su momento dado. Ahí. Y Marisol no la llamaba nunca… Pero cuando se estrenó No somos ni Romeo ni Julieta, me dije que esa era la mía. La llamé, fue a verla, acude a mi camerino, viene la prensa, sale en la prensa que acababa de terminar con Carlos Goyanes, porque eran novios (luego, se reconciliaron). ¡Qué ocasión tan estupenda para promocionarme diciendo que me había emparejado yo, Lucio Romero, actor revelación del año, con Marisol! Y  me propusieron que saliera una noticia, un montaje, diciendo eso… Pero yo lo prohibí. Yo dije: “No pierdo la amistad de ella por conseguir promocionarme”. Y tengo fotos con ella en mi camerino después de una representación… Ella fue a varias representaciones de la obra. Un día, viene con Jaime de Armiñán, me lo presenta y Jaime de Armiñán me ve y me contrata para Carola de día, Carola de noche, donde hago el papel de “el dormilón”. Un papel que estaba para Luis Morris…

EL ESPECTADOR IMPERTINENTE: Uno de los grandes personajes cómicos de la época…

LUCIO ROMERO: Efectivamente. Pero cambian el personaje. A Luis Morris lo ponen como el dueño de una tienda de antigüedades. Y es que yo dije: “Yo quiero salir con Marisol”. Y como yo era el favorito de ella, pues Marisol lo pidió… Y yo salí con ella y con Tony Isbert. Y como a Luis Morris le daba igual, pues se hizo así. A partir de ahí, me salen cosas, y empiezo a hacer cine, teatro, televisión… Sigo haciendo Historias para no dormir… 


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Información del estreno en Barcelona de Caroline se ha perdido. Buscándola, hemos dado, el mismo día, con el anuncio del estreno de Las cuatro bodas de Marisol, que, tal como nos ha contado Lucio, coincidió con el de la obra de teatro en la que él intervenía (Fuente: Hemeroteca de La Vanguardia)


EL ESPECTADOR IMPERTINENTE: Supongo que, después del éxito de No somos ni Romeo ni Julieta, te saldrían muchas oportunidades teatrales…

LUCIO ROMERO: Después del éxito tan grande de esa obra, me viene un parón… Pasa como después de que te den un premio, que viene un parón… Y me llama una actriz genial, que se llamaba Josefina Robeda, premio Lucrecia Arana… Había trabajado con doña Ana Adamuz… Me dijo: “´Te está pasando como a mí. Me dieron un premio y tuve un bajón: nadie me contrataba. Yo tengo una obra que te viene muy bien a ti. Es un drogadicto y una madre…”. Era el año 1969.

EL ESPECTADOR IMPERTINENTE: Esa era una fecha complicada para una obra de ese tipo…

LUCIO ROMERO: Pues sí. Un drogadicto que se prostituye por la droga. Que pega a la madre. Fortísima, fortísima… Se llamaba Almas que mueren y era de Horacio Ruiz de la Fuente. Pero yo le puse otro título, La droga, que tenía más fuerza. Cinco años estuvimos haciéndola. Tres personas, ella, yo y el regidor. La representamos por toda España. La hice incluso en discotecas, cortándola. Con el dinero que gané, hasta me pude comprar un piso. Estuve a punto hasta de ir a México para hacerla pero hice una tontería. ¿Sabes lo que me pasó? Que me pidieron el texto y yo lo envié. Y los mexicanos la montaron ellos. Y ya nos quedamos fuera… Lo peor que puede ocurrir es que editen la obra. Porque, a partir de que la editaran, hasta aficionados empezaron a hacerla… La hicieron en muchos sitios… Después de eso, llegaron a hacerla hasta Tony Isbert (mi papel) y su madre, María Isbert. Porque se me murió ella, Josefina Robeda y llamé a María Isbert, que me gustaba mucho porque tenía que hablar con acento francés y los acentos sabía hacerlos muy bien… Y Tony Isbert, a quien yo conocía de Carola de día, Carola de noche… Porque lo que sucedió es que con María no tenía yo la misma química que con Josefina. Así que decidí dejar la obra y cedí mi papel a Tony, un tío estupendo, que me corregía mucho cuando yo me dediqué al humor y empecé a hacer salas de fiestas y discotecas… Lo que ahora se llama El club de la comedia y que, entonces, se llamaba café-teatro. Es lo mismo. Tony me decía: “Lucio, estás estropeando tu carrera con esas tonterías que estás haciendo en las discotecas. Con lo bien que ibas… Haciendo televisión y todo…”. Pero es que yo no he querido estar parado nunca. Me he montado hasta mis monólogos. Sazatornil me ha dirigido muchos monólogos. La droga, me lo dirigió Saza. Fíjate, un actor cómico dirigiendo un drama… Pero le daba pinceladas cómicas. De repente, le daba un giro y se reía la gente. Era capaz de hacerlo porque era un magnífico director. Pues, como digo, yo fui el pionero de los monólogos en España. Siempre lo digo cuando doy charlas, por ejemplo, en la Academia de Cine, donde también fui cuando se editaron mis memorias, que las presentó Saza precisamente… Pilar Bardem es la primera que lo dice. Pilar es presidente de AISGE, la asociación encargada de la gestión de los derechos de imagen. Siempre que me ve, me interrumpe, pero a mi favor… Porque soy muy espontáneo y es lo que le gusta. Y, entonces, una o dos veces, ha dicho: “Lucio Romero fue quien inventó El club de la comedia. Es el creador.” Lo dice a voces, siempre. Y a mí me encanta. Pero, a veces, me interrumpe cuando estoy mejor y ya se me pierde el hilo de lo que estaba diciendo. Siempre cuando hablo está en primera fila y siempre dice eso. Y no somos amigos. Sólo somos compañeros. Como digo, es la presidenta de AISGE y le estoy muy, muy agradecido porque siempre me ayuda cuando me hace falta. Yo me caí y se me rompió el hombro en un socavón en la calle Goya, en Madrid. Pedí ayuda al Ayuntamiento y no me hicieron ni caso. Me fui a Pilar Barden y me dijo que me ayudaría. Y, efectivamente, me puso un asistente.





Fotografía de Lucio Romero durante su interpretación de Almas que mueren (Fuente: Hemeroteca del ABC)


Caricatura de Josefina Robeda y Lucio Romero en el ABC, realizada por Ugalde (Fuente: Hemeroteca del ABC)


EL ESPECTADOR IMPERTINENTE: Lucio, tú has trabajado con los principales actores y actrices de este país…

LUCIO ROMERO: Mira, por ejemplo, yo llegué a trabajar en el Calígula de José María Rodero. Estuvo un tiempo, muy breve, haciendo una sustitución. He trabajado con José Bódalo, que ha sido mi padre, con Pastora Peña, que ha sido mi madre, con Antonio Casal, que ha sido mi padre, con Sazatornil, que ha sido mi suegro, con Queta Claver, que ha sido mi suegra, con Mary Carrillo, con Irene Gutiérrez Caba… A Irene, ¡una reverencia! La mejor de todas… Como actriz y como compañera, ¡viva Irene Gutiérrez Caba!


En La hija de los embajadores, de Cayetano Luca de Tena, Lucio Romero compartió reparto con, entre otros, José Bódalo, Pastor Serrador, Trini Alonso, Miguel Ángel, Rafael López Somoza... (Fuente: Hemeroteca del ABC)



Cuando menos se lo esperaba, a Lucio le surge la gran oportunidad de poder compartir reparto con su gran ídolo, la actriz Irene Gutiérrez Caba.

LUCIO ROMERO: Yo, un día, estaba en el Café Dorín, porque estaba buscando una actriz para mi show… Y me fui allí porque era un lugar donde podías encontrarla… Decentemente, ¿eh? Irene estaba sentada en una mesa con Gregorio Alonso, su marido… Ambos son los abuelos de Irene Escolar, que ahora está teniendo tanto éxito. Con Irene había hecho La alegría de vivir y sabía de mi éxito en Ni somos ni Romeo ni Julieta… Me llama Irene y yo la saludo con mucho respeto porque sentía y siento una gran admiración por ella. Es la Bette Davis española. Para mí, Irene Gutiérrez Caba es la mejor. En La casa de Bernarda Alba, la película de Mario Camus, está insuperable… Con esos ojos saltones, está como Bette Davis… Pues, como iba contando, en el café me pregunta: “Lucio, ¿qué estás haciendo?”. Y yo le digo: “Pues mañana me voy a Santander, que debuto y aquí estoy buscando a una chica que me hace falta para completar el reparto”. Y me dice: “¿No te gustaría estar conmigo en una obra que voy a hacer en el Centro Cultural Villa de Madrid”. “Muchísimo”, le respondí, “pero antes tengo que terminar en Santander”. “No, no, no…”, me dice, “es que mañana empezarían los ensayos”. Yo le dije que no podía ser porque ya estaba anunciado y, además, Santander es una plaza que yo quiero mucho porque he tenido muchos éxitos… En el Café Teatro Monterrey, que era como un teatrito… Como cómico, tengo amistades en toda España… “No puede ser”, le dije, “estoy anunciadísimo y la gente esperándome”. Entonces, Irene le dice a Gregorio Alonso que llame a José Osuna que era el director de la obra…



Anuncio publicitario de La señorita de Trevelez, en octubre de 1979 (Fuente: Hemeroteca del ABC)



LUCIO ROMERO: Ensayaban en el Teatro de la Comedia, al lado del Café Dorín. Se presenta José Osuna con el libreto y me dice: “Hola, Lucio. Te hemos estado buscando pero sabemos que estás por ahí en las discotecas haciendo tonterías. Tú tienes que hacer ya teatro bueno, con Irene, y hacer cosas buenas…”. ¿Qué más quisiera yo?”, le respondí, “pero como no me llaman, me tengo que buscar la vida haciendo estas tonterías”. “Llévate el libreto”, me dijo José Osuna, “y léelo en cuanto llegues a casa. La obra es La señorita de Trevelez de Carlos Arniches. El papel es el de Numeriano Galán. Protagonistas: Irene Gutiérrez Caba y tú. Porque trabajaba Antonio Garisa de primer actor pero los papeles buenos eran el de Irene y el mío. Un mano a mano con ese monstruo de la escena”. “¡Dios mío de mi alma!¿Qué hago con Santander?”, pensaba yo. Llamo a Santander, íntimo amigo mío el director, me daba hasta pensión gratis, a mí y a mi compañía, porque le llenaba la sala, a la una o las dos de la mañana. Le dije que no podía ir pero me contestó que eso no podía ser, que tenía que ir… “Es que me falta una chica”, le dije. “Pues sin chica”, contestó el hombre, “que uno de los chicos se vista de chica para hacer de enfermera”. Es que mi show era muy fresco, muy gracioso… Ya lo tenía muy dominado. Llamo a Osuna e insistía en que me leyera la obra, que yo no la conocía. Yo conocía Calle Mayor, que está basada en esa obra, pero el personaje mío estaba desvirtuado. Es el que no está enamorado de la chica, la está engañando. José Suárez la hacía en serio y en galán guapo. Mi papel, en cambio, era cómico. Fíjate si era cómico que se lo escribió Arniches a Pepe Isbert. ¿Qué tenía que ver José Suárez con Pepe Isbert? Nada. Me dice Osuna que cuando la hubiese leído le llamara, fuesen las dos, las tres o las cinco de la mañana, a la hora que quisiera. Cuando la leí, yo vi que tenía que hacer esa obra y que yo no podía ir a Santander. Volví a llamar a Osuna y le dije que la hacía con una condición: que me deje hacer, por lo menos, la temporada, en Santander. Sin la prórroga, porque siempre prorrogaban. La temporada era quince días… ¡Quince días en una sala! Hoy día, te dan una gala y ya está. Además, en Santander, que es una ciudad que me encanta. Entonces, estoy entre la espada y la pared. Encuentro a una chica para el papel que me faltaba, que acepta encantada. Por otro lado, la chica que me daba la réplica era estupenda: Paula Sebastián. Empezó conmigo. Después, con compañía propia, ha venido a Málaga. Buenísima actriz, buenísima. Y guapa. El empresario siempre me decía que llevara a Paula, que tenía su público. Pues eso, yo le dije a Osuna que me dejara quince días para ir a Santander. Además, me pagaban más que en el teatro. En las discotecas y de cómico, es donde más dinero he ganado. Me dice Osuna que le dé el teléfono del empresario y los dos se ponen de acuerdo. El empresario consigue que yo vaya el día del estreno y que, después, se anuncie que, por indisposición mía, seré sustituido por otro cómico. Me llama Osuna y me dice que está todo arreglado y me cuenta cómo se van a hacer las cosas. Después de ir a Santander, pues me pondría a ensayar porque en octubre se estrenaba la obra en el Centro Cultural Villa de Madrid, que ahora se llama Centro Cultural Fernando Fernán Gómez. Tengo que buscar, entonces, al cómico que me sustituya en Santander y elijo al mejor que había. Además, físicamente, decían que nos parecíamos mucho. Le doy caña, ensayamos día y noche, me lo llevo a Santander conmigo, ve los dos días la función y lo hace calcado, igualito que yo…


Caricatura en el ABC con motivo de la representación de La señorita de Trevelez en el Centro Cultural de la Villa, en octubre de 1979 (Fuente: Hemeroteca del ABC)


Hecho el cambio, pues me pongo ya a ensayar con Irene Gutiérrez Caba. Con el director, no me entiendo. Con ella, sí. El director me daba unas directrices que no compartía. Yo soy muy duro para los ensayos. Yo tengo que hacerlo a mi aire. No como me diga el director: “ahora aquí, después allí…”. No, no, no… Tú, déjame a mí que yo sé cómo tengo que hacerlo. A mí me gusta que me dirijan un poquito. Mucho, no. Sin embargo, todos los días con el director, “punto aquí, coma aquí…”. Cosas menores frente a lo que era ese papelón… Pero no termina la cosa. A los dos días, me mandan de vuelta a Madrid al grupo de Santander: el cómico no gusta. Fíjate, lo hacía igual que yo, los mismos chistes… Y estaba Paula Sebastián. Pero no gustó el cómico. Me dijo el empresario que era amigo mío: “Mira, Lucio, voy a acabar con nuestra amistad pero te voy a tener que denunciar por incumplimiento de contrato”. Yo le dije que pusiera la denuncia que quisiera pero que yo no me iba de la compañía de Irene Gutierrez Caba…

EL ESPECTADOR IMPERTINENTE: ¡Vaya lío!¿Qué sucedió?

LUCIO ROMERO: Pues el empresario no paga a mi compañía. Tengo yo que girarles el dinero a los pobres para que se vengan. Les pago la temporada entera. ¡Fíjate todo lo que me juego para poder trabajar con Irene Gutiérrez Caba! El empresario me puso la denuncia… La compañía que me había contratado, me la paga. Luego, me descontaban un poco a cuenta de lo que les había costado la denuncia… Yo me seguía sin entender con José Osuna y yo empezaba a desanimarme. Estuve a punto de abandonar. Había perdido Santander, no me entendía con el director… Pero, entonces, me coge Irene y me dice: “Lucio, pásate por mi casa”. Y empiezo a ensayar con ella. Porque como todo era entre su personaje y el mío… Y, entonces, una maravilla… Llegábamos a los ensayos con el director y cuando veía cómo lo hacía, me decía: “Y a ti, ¿quién te ha dicho que lo hagas así?”. “No sé. A mí, nadie”, le respondía yo, “es que así me sale”.”No, no, no… Así no te lo he dirigido yo”, insistía José Osuna. Irene me decía que le hiciera caso a ella. Y, claro, era la máxima estrella… El último día, Osuna me dice una grosería: “Lucio, hazlo como te salga de los cojones, Me tienes harto”. Y lo hago como se sale de los cojones… Y fue un éxito. Un éxito. El público y la crítica se vuelcan conmigo. Otro éxito como el de No somos ni Romeo ni Julieta.

EL ESPECTADOR IMPERTINENTE: Supongo que, a raíz de este triunfo, te lloverían las ofertas…

LUCIO ROMERO: Me llamó Rafael Gil para hacer no sé qué película… Me llama muchísima gente… Porque, claro, iban a ver a ese monstruo que era Irene Gutiérrez Caba que tenía un tirón tremendo, pero veían al chico que estaba al lado y preguntaban quién era… Me llama Televisión Española. La noche del estreno estaba viendo la obra un jefe de dramáticos de Televisión Española, que se llamaba Ildefonso Roel y al que yo no conocía. “Y este chico, ¿de dónde ha salido? Este chico tiene que hacer televisión…”. Entonces, al día siguiente, me llama Gabriel Ibáñez, realizador de televisión. “Lucio, no te he visto pero el jefe me ha hablado de ti para que hagas El genio alegre de los hermanos Álvarez Quintero, el personaje del “gracioso”, el Lucío…”. El personaje cómico, el bombón, ¡fíjate tú que papelón! En esa época, estuve en el teatro de noche haciendo dos funciones diarias y, aparte, el Lucío de El genio alegre… Con Lucío, tengo un gran éxito… Por eso, también para televisión, me llama Cayetano Luca de Tena para La dama boba y La discreta enamorada… Me llaman para Marcela o ¿a cuál de los tres? y Un drama nuevo… Salgo, por ejemplo, con Concha Cuetos… Pero, muchas veces, me ha pasado lo mismo. En uno de los Estudio 1, por ejemplo, el actor que hacía el papel de galán (que era muy malo, no llegó a nada) dijo al director, que era amigo suyo, que cortara mi papel porque me lo “comía”… Y cortó bastante de la interpretación que yo tenía que hacer. Otro actor, un envidioso, pide audiencia a Roel para decir que por qué me daban a mí todos los papeles y a él ninguno… Que si yo era amigo de Roel… ¡Fíjate! Si yo no le conocía de nada… Dejan de darme papeles y empiezo a montar mis propias cosas… Algo que, por otro lado, ya estaba yo acostumbrado. Así, en 1977, ya hice Yo condeno, donde interpreto a un terrorista… ¡Fíjate qué avanzado! Un terrorista que sale de la cárcel poniendo bombas en los estadios de fútbol… Un loco. Se llamaba Yo condeno o El loco de las bombas. Estoy otra temporada, dirigido por Saza… Y así me fui ganando la vida. Alternando las salas de fiesta y las discotecas con los monólogos… Con esas cosas estuve yo en los años ochenta.



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Artículos y anuncios sobre Yo condeno en el ABC en noviembre de 1977 (Fuente: Hemeroteca del ABC)


EL ESPECTADOR IMPERTINENTE: Sin embargo, logras, unos años después, ir desarrollando una carrera cinematográfica significativa… Por ejemplo, en 1991 intervienes en Marcelino, pan y vino de Luigi Comencini, remake de la famosa película de Ladislao Vajda.

LUCIO ROMERO: Hoy, precisamente, entre mis carteles, me he encontrado con uno dedicado por el propio Comencini, de la película Pan, amor y fantasía… Date cuenta, hacer una película con un director que había dirigido a Vittorio de Sica, a Sofia Loren, a Gina Lollobrigida, a Marcello Mastroianni… ¡Qué lujo!¡Y yo trabajando con él! Yo era muy amigo de Enrique Cerezo… Yo vivía en la calle Jorge Juan de Madrid y Cerezo tiene la productora al lado. Nos veíamos todos los días. Entonces, Cerezo me dice: “Yo te vi en No somos ni Romeo ni Julieta. ¿Por qué no lo hiciste en cine?”.”Porque no eras tú el productor”, le respondí yo, “fue Eduardo Manzanos y no me quiso, quiso a Emilio Gutiérrez Caba”. A Enrique Cerezo le gustan mucho los carteles cinematográficos y conocía mi colección. Como empezó a pasar el cine español a vídeo, me pidió que le dejara los carteles para las carátulas… Yo no le pedía dinero pero me lo daba. Y empezó a darme papelitos en sus películas. Un día en la productora, me pregunta: “¿Tú quieres ir a Roma?”. ”¿Tú estás de broma?”, le respondo yo. “¿Cuándo? Que me voy  para allá sin maletas ni nada…”. Me explicó que se iba a rodar allí la nueva versión de Marcelino, pan y vino y me indicó que hablara con Manolo Soria, que era su mano derecha. Manolo Soria me contó que era una coproducción italo-franco-española. Exigían que España enviara tres primeros actores y los elegidos eran Fernando Fernán Gómez, Alfredo Landa y José Luis López Vázquez. ¡Fíjate tú qué trío!¡Cualquier cosa! Pero resulta que López Vázquez dice que no va si no hace el papel de Fernán Gómez. Fernán Gómez dice que ya no suelta su papel. Hay una pelea y se queda el papel libre. Y, en ese momento, entra Lucio Romero. ¡Fíjate qué lotería me tocó! Por supuesto, ¡se ahorró de dinero! Porque el sueldo de López Vázquez, en toda su plenitud, y con su nombre era mucho mayor que el mío… Pero yo iba anunciado igual. Porque cuando un actor es anunciado por encima del título es actor principal. Me acuerdo que salían en los títulos de crédito: “Enrique Cerezo y Luigi Comencini presentan a: Nicoló Paolucci”, que es el niño, que era la estrella, porque es una película coral, sobre todo la italiana, y continuaba: “a Fernando Fernán Gómez, como Fray Prior, a Lucio Romero, como Fray Mangione”, es decir, Fray Tragón, luego todos los italianos, franceses y alemanes y, al final, decía: “Con la colaboración especial de Alfredo Landa, como Fray Papina”, es decir Fray Papilla… El último de todos. Pero ya sabes cómo es la prensa. Nunca mencionaba a Alfredo Landa y siempre me ponían a mí de los primeros. Me vino muy bien estar encima del título… Un sueldazo… Dos meses en Italia al lado de ese maestro que es Fernando Fernán Gómez. Conocí a Federico Fellini, porque era amigo de Comencini y venía a vernos… Estuve en el mejor hotel de Roma, en Via Veneto, con Alfredo Landa y Fernando Fernán Gómez… ¡Todo estupendo!




Imágenes de Marcelino, pan y vino de Luigi Comencini


LUCIO ROMERO: Os voy a contar una anécdota que me pasó con ellos. Nos llevaban todos los días a los tres en coche desde el hotel al monasterio donde se rodaba la película y allí nos poníamos las túnicas. Era verano y el único que protestaba era Fernán Gómez porque, como era pelirrojo, se ponía encendido, encendido como un tomate con el calor… “¡Otra vez ponerme esta túnica!”, decía. Pues un día que íbamos en el coche (Fernán Gómez delante, Landa y yo detrás), iba Fernando leyendo el ABC, porque él escribía allí un artículo, y dice: “¡Hombre! Se va a rodar una nueva versión de La Lola se va a los puertos”. Y, claro, yo me acuerdo de mi Juanita Reina de mi alma… “¿Sí?¿Y quién la va a dirigir?”, pregunto. “Josefina Molina”, me contesta. “No está mal”, digo yo. Pero, a continuación, me dice: “Ahora se va a hacer una buena versión. No la que hizo Orduña, que era todo cartón piedra, miriñaques y coplas. Ahora se va a hacer una versión fiel a lo que hicieron los Machado”. Yo, por dentro, me estaba poniendo negro porque soy un fan de Juanita Reina y a mí no me la pueden tocar. Eso sí, él la respetaba mucho. Además, a mí Orduña me encantaba… Locura de amor me encanta. Pequeñeces me encanta. Sería lo que fuera pero era buenísimo, te llegaba lo que hacía. Así que yo le contesté a Fernán Gómez que pensaba que esa versión era muy buena y que no se iba a poder superar. Y no me he equivocado. “¡Bah! Esa versión era una mierda”, me contestó. “Bueno”, dije yo entonces, “¿quién va a hacer ahora la protagonista?”. “Rocío Jurado”, me dice. “Pues ahora sí que va a ser una mierda”, le dije. Se queda muy callado y me responde: “¿Por qué?”. “Porque Rocío Jurado es una cantante magnífica, una voz magnífica”, le expliqué, “pero no tiene fotogenia para cine. Además, es una pésima actriz”. “¿Y en qué película la has visto tú?”, me pregunta Fernán Gómez. Y yo le digo: “En La querida”. Y Fernán Gómez, muy serio, me dice: “Pues esa película la he dirigido yo”. Alfredo Landa me da, entonces, un golpe en la pierna aguantando la risa y con el pulgar levantado dándome la razón. Alfredo Landa llamaba despectivamente a Fernán Gómez “el pelirrojo”. No se llevaban bien. Landa con él. Pero Fernán Gómez se llevaba bien con todo el mundo. Porque lo que le pasaba es que a Landa le gustaba más el papel de Fernando.  Como Fray Prior, estaba estupendo… Landa no superó la anterior interpretación de Fray Papina…

EL ESPECTADOR IMPERTINENTE: Entonces, después de lo que estás contando, ¿hiciste muchos amigos en esa película o no?

LUCIO ROMERO: ¡Sí, hombre! Empezando por Francesca Comencini, que era la hija, que era la ayudante de dirección… Era directora en Francia. Y aquí voy a contar otra anécdota. Yo tenía que hacer el papel de López Vázquez, que tenía un papel estupendo. Pero, al pasar yo a hacer su papel, le pasaron el suyo a un italiano. Yo protesté y dije que había ido a hacer Fray Filippo. Y me dijo Francesca: “No, es que para hacer Fray Filippo, hay que tener cara de mala leche… Era un fraile de estos malo, retorcido…”. Que lo hubiera hecho muy bien López Vázquez… En realidad, López Vázquez hubiera hecho lo que le hubieran hecho… Porque es un maestro y yo soy gran admirador suyo… Entonces, yo hice Fran Mangione, un bonachón, que me iba más, lo comprendo… Cuando, después, hubo que afeitarse la cabeza, yo dije que, como me habían cambiado el papel, no me afeitaba… Que si querían, me mandaban a España pero que yo no me iba a afeitar… Entonces, Francesca habló con su padre, me apoyó  y le convenció para que el redondel en la cabeza fuera, en mi caso, maquillaje, una peluca… Francesca se hizo muy amiga mía, siempre estábamos hablando… Y Luigi Comencini al único que llamaba por su nombre, porque Lucio le sonaba a italiano, era a mí… Alfredo Landa decía: “¡Joder! Al único que te nombra es a ti…”. Porque a Fernán Gómez le llamaba Fray Prior, a Landa, Fray Papina, pero a mí por mi nombre… Que, por cierto, Comencini hizo el rodaje con 70 años, con hemiplejia, pero no se podía decir, era un secreto… El médico le había recomendado como terapia que hiciera una película para que se pusiera mejor… Y, efectivamente, así ocurrió. Tenía muy mala leche pero conmigo se portó muy bien. ¡Me hizo un papel! Mi conversación con el burro, no estaba. Me lo puso a mí. Luigi Comencini, en todas sus películas, saca un burro. Con Gina Lollobrigida, por ejemplo, en Pan, amor y fantasía… Con los niños, es muy director de niños, siempre saca un burro… Y a mí, con el burro. Muy cortita la escena…



Autor de la fotografía central: Lorenzo Hernandez


EL ESPECTADOR IMPERTINENTE: Otra película que haces, en 1995, Así en el cielo como en la tierra, de José Luis Cuerda…

LUCIO ROMERO: Muy disgustado con Cuerda. Porque el papel era que yo subo al cielo después del Apocalipsis y una vez allí, todo manchado y hecho polvo, me recoge mi padre, que es Luis Ciges. El problema de Luis Ciges es que no se aprendía los papeles. A mí me vino muy bien porque era, en principio, una sesión y, al final, fueron cinco. Pero, ¡pasé un frío! Yo, que iba medio desnudo, y el rodaje fue en Colmenar de Oreja, en pleno invierno… Me llevé una camiseta térmica pero el de vestuario decía que asomaba y me la recortó y me la destrozó… Otros, en cambio, salían con calcetines… Yo, descalzo. Después, tuve la suerte de que cuando yo estaba haciendo mi papel pasó un equipo de televisión para grabar el rodaje y tomaron primeros planos de mi actuación, de modo que salí en todas las televisiones… Toda la gente diciéndome: “¡Qué papelón tienes!”. Pero, luego, en la película, eso no sale… Salgo de lejos que no se me reconoce… Las cosas del cine…

EL ESPECTADOR IMPERTINENTE: En 1997, haces El crimen del cine Oriente, de Pedro Costa… Aquí, interpretas a un comisario…

LUCIO ROMERO: También aquí cortaron mi papel. Eso sí, Pedro Costa, estupendo. Pero lo que se lucen son mis carteles. Cincuenta carteles salen. La crítica le dio muchos palos pero no está mal. Una crítica de Barcelona dijo que lo mejor de la película eran los carteles de cine que salen… Son preciosos. Pero el papel está cortado porque el ayudante de dirección no me envió el nuevo texto. Y a mí no me dio tiempo de aprenderme el nuevo papel. Intentaron ponerme en carteles los nuevos textos pero yo, sin mis gafas, no podía leerlos. Y como era una película de época, no podían salir esas gafas… Lo pasé fatal. Pero lo importante fue que estuve un mes, cobrando mis dietas, y rodando y mis carteles se lucen mucho… Y Pedro Costa, encantador…

EL ESPECTADOR IMPERTINENTE: En 1998, La hora de los valientes de Antonio Mercero…

LUCIO ROMERO: Sí, un papel muy bonito. Ahí, hago de anarquista. Salgo con Luis Cuenca. Un papel corto. Nos cae una bomba… No está mal.

EL ESPECTADOR IMPERTINENTE: En 1999, Extraños de Imanol Uribe.

LUCIO ROMERO: Ahí, me contrató Paco Pino, un ayudante, que ya murió… Pertenezco a un grupo de Alcohólicos Anónimos… Tengo unos planos muy buenos pero sin hablar…

EL ESPECTADOR IMPERTINENTE: También en 1999, intervienes en Nadie conoce a nadie de Mateo Gil. Sé que guardas muy buen recuerdo de esta película...

LUCIO ROMERO: La verdad es que sí. En esta película, yo interpretaba al hermano mayor de una cofradía. En un momento dado, uno de los cofrades me avisa de que hay algo extraño en el interior de una de las imágenes de la cofradía. Yo me acerco, muy sigiloso, veo unos tubos muy extraños y, de repente, empieza a salir de ahí un gas tóxico. Entonces, yo salgo huyendo de ahí pero voy muriendo por asfixia. Cuando terminé de hacer la escena, todo el set me aplaudió. Pero es que luego, a la hora de repetirla, me volvieron a aplaudir. Con esa película, pasó que los sevillanos semanasantistas estaban en contra de la película porque sabían la historia... Hubo hasta abucheos. Nos tuvimos que ir a Carmona a terminar de rodar. A mí me encanta esta película. A Mateo Gil lo he saludado ahora, en el Festival de Málaga. Pedazo de director y de buen amigo.



Imágenes de Nadie conoce a nadie de Mateo Gil



EL ESPECTADOR IMPERTINENTE: En 2000, Fugitivas de Miguel Hermoso.

LUCIO ROMERO: En Fugitivas, hago de borracho, en un mano a mano con Juan Diego. Me gusta mucho ese papel. Lo vio Antonio Banderas y me felicitó.

EL ESPECTADOR IMPERTINENTE: En 2006, ruedas El camino de los ingleses, bajo las órdenes de Antonio Banderas. ¿Es tu mejor papel en el cine?

LUCIO ROMERO: Uno de los que he hecho más a gusto. Porque trabajar con Antonio Banderas es una delicia. Hacía muchos años que no me veía, me estuvo buscando por Málaga para que le dieran mi número de teléfono porque quería ofrecerme el papel del abuelo. Tuvo que llamar a Sevilla, a Maestranza Films, para que se lo dieran. Entonces, me llamó Antonio Meliveo, el compositor y autor de la banda sonora de la película, para hablarme del papel, aunque fue Miguel Gallego, director del Festival de Teatro de Málaga, quien me apoyó ante Antonio Banderas diciendo que yo podía hacer muy bien ese personaje… Antonio Banderas y Miguel Gallego son muy amigos. Finalmente, me llamó Antonio Banderas y me dijo que me conocía como actor pero que me quería ver físicamente para una prueba… Me preguntó si había leído la novela y sí la había leído… Y sabía que el papel del abuelo era maravilloso. Antonio Banderas me citó en un hotel próximo al Muelle Heredia… Yo no dormí esa noche. Como vivía en Madrid, tomé el tren para Málaga y fui directo de la estación al hotel. Yo llegué primero. Pedí un té con limón. Estaba sentado en un bar que hay entrando a la derecha y, entonces, entra Antonio. Me da un abrazo y me dice que me ve joven. Me coge el té y me pide que le acompañara. Se acercó una camarera para llevar la taza y Antonio dice: “No, no, yo se lo llevo a mi amigo Lucio”. Me llevó a un salón reservado donde estaba haciendo los castings… Hablamos sobre los compañeros de reparto y lo que me pidió fue que me dejara la barba, que no me cortara el pelo y me avisó de que, en el rodaje, habría que ensuciarlo. Y así me dio el papel, sin hacer una prueba propiamente dicha.




Imágenes de Lucio Romero en El camino de los ingleses de Antonio Banderas.


LUCIO ROMERO: Luego, yo, respetando, el texto de Antonio Soler, mi personaje sale en la habitación con el nieto, que era Raúl Arévalo, un fan de Bruce Lee, con la bragueta abierta… Así es como se ve al abuelo en la novela de Antonio Soler. Por eso, el personaje de Raúl Arévalo no deja de decir: “Me das más asco que la polla de mi abuelo”. Pero, luego, todo eso no apareció en la película. Y tampoco aparece una escena con Raúl Arévalo que yo creo que es la mejor… Pues la diseñadora de vestuario quería que yo saliera con unos calzoncillos largos, como se ven en Siete novias para siete hermanos… Hablé con Antonio Banderas, le expliqué que venía en el guion como yo quería hacerlo y Antonio Banderas me dijo que lo hiciera como quisiera. Pero la diseñadora de vestuario protestó. Y yo me peleo mucho con esas cosas. Yo soy muy rebelde a pesar de lo pacífico que soy. Cuando, con La señorita de Trevelez, José Osuna se enfadó y me dijo que lo hiciera como “me saliera de los cojones”, después entró en el camerino me dio la razón y me dijo que lo había hecho muy bien. Porque yo lo hago a mi aire y me tienen que dejar desenvolverme con libertad…




En la entrevista, Lucio Romero nos ha desgranado una parte importante (no toda) de su carrera profesional. (Fotografía de Lorenzo Hernandez)



Se nos han quedado muchas cosas en el tintero. Muchas obras de teatro, varias series de televisión, algunas películas y su intervención en la reciente Diana de Alejo Moreno, la cual demuestra que Lucio Romero no es un actor que rehúye, precisamente, los riesgos. Todo lo contrario. Pero queda un aspecto fundamental, de enorme importancia para él, que será de lo que hablemos y lo que expongamos en la tercera y última entrega de esta serie. De una parte esencial de su vida que, ahora mismo, Lucio ve con preocupación e inquietud…




En la última entrega de la entrevista, hablaremos del tema que, en estos momentos, más preocupa a Lucio Romero. (Fotografía de Lorenzo Hernandez)



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