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viernes, 8 de junio de 2018

EL MUNDO ES SUYO O EL HUMOR COMO AUTORRETRATO DE UNA SOCIEDAD




Se tiende a pensar que lo dramático, lo solemne, lo cargado de severidad y profundidad proporciona mayor capacidad para reflejar una sociedad, un momento histórico, una mentalidad colectiva que lo humorístico, lo ligero o lo aparentemente intrascendente. Sin duda, se trata de un gran error. La idiosincrasia de un grupo humano se refleja igual de bien o, a veces, mucho mejor en aquello por lo que ríe que por aquello por lo que llora o sufre. De hecho, los motivos del padecimiento humano apenas varían de un extremo a otro del mundo. Sin embargo, al chiste que funciona en un lugar determinado puede costarle mantener su condición a más allá de mil kilómetros de distancia (a veces, incluso menos). Todos compartimos el dolor (y hasta cabría pensar que una experiencia amarga vivida junto a otros sirve para reforzar vínculos y afectos). Sin embargo, puede no existir mayor sensación de soledad o extrañamiento que no reír cuando los demás lo hacen.

Por pura lógica, la evolución de la comedia cinematográfica española, aparte de encerrar títulos de gran valor, es un termómetro casi perfecto para apreciar los cambios que se han ido produciendo en nuestra sociedad y, al mismo tiempo, los elementos que, para bien y para mal, de forma invariable, siempre están presentes en ella. Recordemos cómo Bienvenido Mister Marshall (1953) de Luis García Berlanga nacía de la dureza de la posguerra española y la esperanza de poder acogerse a las ayudas estadounidenses a los destruidos países europeos; El inquilino (1958) de José Antonio Nieves Conde y La vida por delante (1958) de Fernando Fernán Gómez se hacían eco de los problemas de escasez de vivienda en un momento en que las grandes ciudades empezaban a absorber población a gran escala; Las que tienen que servir (1967) de José María Forqué surgía de la vinculación de España con Estados Unidos desde la visita a nuestro país del presidente Eisenhower en 1959; La ciudad no es para mí (1966) de Pedro Lazaga reflejaba el choque de mentalidades entre una España urbana en auge y una España rural en retroceso; El turismo es un gran invento (1968), también de Pedro Lazaga, nacía de la fiebre por un sector económico que pasó a ser clave en el funcionamiento de nuestra economía; Vente a Alemania, Pepe (1971), nuevamente de Pedro Lazaga, mostraba el momento álgido de la emigración hacia los países más desarrollados de Europa; Tocata y fuga de Lolita (1974) de Antonio Drove, El love feroz (1974) y Colorín colorado (1975) de José Luis García Sánchez basaban sus tramas en los cambios producidos en el seno de la familia, los conflictos intergeneracionales surgidos de ellos y la nueva mentalidad en torno a la sexualidad; El divorcio que viene (1980) de Pedro Masó nos hablaba del momento en que se produjo el cambio más importante en la historia de la regulación del matrimonio en nuestro país (al menos hasta 2005, cuando se aprobó la posibilidad de matrimonio entre personas del mismo sexo); Sal gorda (1984) de Fernando Trueba, La vida alegre (1987) de Fernando Colomo y Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988) de Pedro Almodóvar son absolutamente fieles al espíritu colorista y burbujeante de los ochenta; Todos a la cárcel (1993) de Luis García Berlanga no se recataba en atacar la corrupción que afloró a principios de los noventa del pasado siglo; Ocho apellidos vascos (2014) y Ocho apellidos catalanes (2015) de Emilio Martínez Lázaro son indisociables a la progresiva desaparición del terrorismo en el País Vasco y al surgimiento de las tensiones políticas en Cataluña; y Selfie (2017) de Víctor García León acababa siendo un retrato fiel del actual momento histórico, con la desconfianza hacia el sistema político y el combate incierto entre las distintas fuerzas ideológicas en pugna en un primerísimo plano.

Si estos títulos tendían a reflejar problemas y cuestiones puntuales, otros se dirigían más a los grandes pilares de nuestro carácter e idiosincrasia, como Los jueves, milagro (1957), Plácido (1961) y El verdugo (1963) de Luis García Berlanga, Amanece, que no es poco (1989) y Así en el cielo como en la tierra (1995) de José Luis Cuerda, La comunidad (2000), Muertos de risa (1999) y Balada triste de trompeta (2010) de Álex de la Iglesia, la saga de las películas de Torrente dirigidas por Santiago Segura o La gran familia española (2013) de Daniel Sánchez Arévalo.

Toda esta introducción viene a cuento porque el 22 de junio se estrena El mundo es suyo de Alfonso Sánchez, protagonizada por el propio director y quien ha sido su compañero inseparable desde hace ya un decenio, Alberto López, una comedia que se mueve dentro de los parámetros de la comedia hispana pero que también sabe aportar su propia personalidad. Y que, como los títulos que hemos mencionado en los párrafos anteriores, acaba siendo un agudo escalpelo que indaga en nuestro momento y en nuestra personalidad como sociedad.



 Alberto López (a la izquierda) y Alfonso Sánchez (a la derecha) colaboran juntos desde hace al menos un decenio, período en el que no han dejado de tener nunca el favor del público (Fotografía de Lorenzo Hernandez)


Alberto López y Alfonso Sánchez consiguieron hace ya diez años una gran popularidad con sus vídeos humorísticos subidos a Youtube en los que interpretaban a personajes con rasgos muy marcados inspirados en tipos muy reconocibles de la sociedad sevillana, tanto del mundo lumpen (“el Culebra” y “el Cabeza”) como de la clase alta de la ciudad (los “compadres”). Los primeros personajes mencionados protagonizarían en 2012 el film El mundo es nuestro, dirigido por Alfonso Sánchez, y que, a partir de un intento de atraco en una sucursal bancaria, se realizaba una ácida radiografía de la situación social tras la crisis económica iniciada en 2007. La película se financió gracias a una exitosa campaña de crowdfunding y obtuvo la muy estimable cifra de 128.101 espectadores (a efectos comparativos, El artista y la modelo de Fernando Trueba, estrenada ese mismo año, consiguió 80.832). Ahora, con El mundo es suyo, son los “compadres” los que alcanzan el protagonismo. Ambas películas tienen la peculiaridad de que, en relación al criterio que hemos empleado antes para dividir las comedias en dos grupos, tienen un pie en cada uno de los dos enfoques. Porque, levantadas a partir de la reconstrucción de cierta idiosincrasia particular del sur de España, al mismo tiempo la actualidad ha influido en ellas de modo claro y decisivo.

El mundo es suyo ha sido proyectada en el reciente Festival de Málaga y su pase en la Sección Oficial nos permitió hablar con Alfonso Sánchez y Alberto López y preguntarles por los aspectos más interesantes de la película. Todo lo que nos dijeron fue interesante y revelador.



Los “compadres”, dos de los personajes que hicieron populares a Alfonso Sánchez y Alberto López y que ahora protagonizan El mundo es suyo


EL ESPECTADOR IMPERTINENTE: Los protagonistas de esta película son los dos tipos que os hicieron populares a través de internet… Yo recuerdo que un amigo, hará cosa de diez años, me enseñó un vídeo vuestro, en el que interpretabais a los “compadres”, y cuya idea central era algo así como que “los que son señores no van a Ikea a comprar muebles”… Entre ese año y este, habéis realizado El mundo es nuestro y ahora es el turno de El mundo es suyo… Que la primera película fuera protagonizada por el “Culebras” y el “Cabeza” y esta por los “compadres”, ¿era el orden que queríais seguir?¿Fue como surgió debido a las circunstancias?

ALFONSO SÁNCHEZ: No, no, no… Era el orden que queríamos seguir. Y lo teníamos muy claro. Y, por supuesto, valoramos que el orden fuera el contrario porque, después del éxito que habían tenido los cortos y los personajes que habíamos creado, los que más tirón habían tenido habían sido los “compadres”. Entonces, por aclamación popular, lo lógico hubiera sido empezar con ellos. Pero nosotros teníamos muy claro que queríamos seguir el mismo orden en que fueron creados, darles la relevancia que debían tener en su momento a “el Culebras” y a “el Cabeza” y contar esa historia porque era necesaria en ese momento, entre el 2008 y el 2012, año en que se estrenó, porque era la historia que había que contar en ese preciso instante, de esa manera y de esa forma. Y, después, dar el siguiente paso, que también estaba pensado, que era la historia de los “compadres”… Podíamos haber seguido con “el Culebras” y “el Cabeza”, por lo bien que habían funcionado, y rescatarlos del Océano Atlántico, pero no, ahora tocaba Rafa y Fali y, en ese sentido, somos bastante fieles a nuestro planteamiento. Igual que hemos guardado los personajes y los hemos sacado cuando había que sacarlos, estos nos los llevan pidiendo desde 2009 (imagínate las veces que nos los han pedido) para publicidad, para ponerlos en otras películas y nosotros siempre hemos dicho lo mismo: “Hay que esperar a su momento”. Y su momento ha llegado. Y ha llegado aquí en Málaga. Y por fin los hemos sacado del baúl y se los hemos regalado al público.

EL ESPECTADOR IMPERTINENTE: ¿Cómo han evolucionado en El mundo es suyo los rasgos y caracteres de ambos personajes?¿Hay una ruptura clara?¿Los han exacerbado?¿Hay una continuidad?

ALBERTO LÓPEZ: Hay una continuidad en sus reflexiones de cómo ven las cosas, y creo que lo que aquí nos vamos a encontrar es que los vamos a ver desde otro punto de vista porque, ya no se limitan a hablar, sino que les vemos a hacer más cosas, conocemos su entorno, los vamos a ver operando de otra manera, los vamos a ver frente a problemas… Antes, estábamos acostumbrados a verlos en un plano-secuencia, hablando un poco de lo mismo, en una misma dirección… Y, al abrir su mundo, esa evolución nos va a hacer ver aspectos de ellos que antes no eran visibles.

ALFONSO SÁNCHEZ: Son dos personajes bastante inclasificables. Ponerles etiquetas a Rafa y a Fali es bastante complicado. Porque se escapan por las rendijas. Son personajes en los que su ética y su estética van por lugares distintos. Quizás, porque no se sabe muy bien si pertenecen o no al mundo en el que se mueven. Si os fijáis bien, ninguno de los dos pertenece a ese mundo… Uno es un arribista que se ha metido en él porque ha dado un braguetazo a través del sexo y el otro quiere ser algo en ese mundo pero no lo es, porque es un muerto de hambre que no tiene donde caerse muerto…

ALBERTO LÓPEZ: Es decir, son dos intentos fallidos de elevarse socialmente. Son dos pícaros, realmente.



Imagen de El mundo es suyo en la que aparece Alfonso Sánchez


 Alfonso Sánchez, dirige y protagoniza El mundo es suyo. Su personaje es el del típico “liante” que acaba metiendo a su amigo en sus propios enredos y embrollos (Fotografía de Lorenzo Hernandez)


EL ESPECTADOR IMPERTINENTE: Son dos pícaros, dos personajes que es frecuente verlos en ciertos ambientes de Andalucía…

ALFONSO SÁNCHEZ: Yo creo que no exclusivamente en Andalucía. Yo recuerdo, por ejemplo, al personaje de Dustin Hoffman en Cowboy de medianoche… Tienen bastante que ver con mi personaje, el de Rafi. Es un “liante” neoyorquino con otra estética y otro rollo pero tienen muchísimo en común… Si ese personaje hubiera nacido en Andalucía, a lo mejor se comportaba igual que lo hace el mío… De hecho, hay otro personaje muy parecido en la película El traje de Alberto Rodríguez, que lo hace Manuel Morón, y, para mí, es un poco el “cowboy de medianoche” español… Pero, precisamente, porque coge esa raíz del personaje, es el pícaro, es “el Buscón”, es el “Lazarillo”, es esa tradición del buscavidas que arranca en el Siglo de Oro, tras la conquista de América y España se vuelve el país más rico del mundo y Sevilla se convierte en la Nueva York de la época… Entonces, hoy por hoy, ha sobrevivido la esencia de lo que ocurrió y que yo creo que es lo que hace tan especial Sevilla… Está muy bien retratado por Alberto Rodríguez en la serie La peste… Y esos personajes están ahí. Yo creo que de eso son herederos nuestros personajes, más que de, por ejemplo, de una tendencia política determinada, tienen más profundidad…



De izquierda a derecha y de arriba abajo: Estatua dedicada a Lázaro de Tormes en Salamanca; portada de El Buscón de Quevedo en editorial Cátedra; Dustin Hoffman y Jon Voight en Cowboy de medianoche de John Schlesinger; Jimmy Roca y Manuel Morón en El traje de Alberto Rodríguez. Toda una tradición picaresca que se prolonga por más de cuatro siglos…


EL ESPECTADOR IMPERTINENTE: ¿Qué aprendisteis en El mundo es nuestro que hayáis puesto en práctica en El mundo es suyo?

ALBERTO LÓPEZ: El amor por la profesión, el amor por la artesanía… El respeto por una profesión al fin y al cabo artística aunque haya un objetivo comercial y un objetivo de negocio… Y lo que hemos aprendido es seguir el patrón de responsabilidad, el patrón de seriedad a la hora de trabajar… De seguir con el compromiso.

EL ESPECTADOR IMPERTINENTE: Os veo juntos y os veo como un dúo artístico tan perfectamente integrado que me cuesta ver a Alfonso sólo como director… Los compañeros de Aurora Boreal y yo lo hemos comentado y os vemos algo así como el espíritu de lo que era la pareja Jack Lemmon-Walter Matthau…

ALBERTO LÓPEZ: Realmente, somos un tándem, por ejemplo, a nivel de producción…

ALFONSO SÁNCHEZ: Muchísimas gracias por lo que has dicho. Esa es la intención.

ALBERTO LÓPEZ: Bueno, la intención… Eso es lo que la gente ve.

ALFONSO SÁNCHEZ: No quiero decir que nos queramos parecer a ellos sino que queremos usar su esencia, trabajar de la misma manera. Realmente, somos dos cómicos que trabajamos, no somos dos humoristas, no somos un dúo cómico… No, somos dos actores que la vida nos ha juntado para hacer películas y, en ese sentido, es verdad que nos complementamos: uno es moreno, el otro es rubio; Alberto es Jack Lemmon, evidentemente, y yo soy Walter Matthau, ja, ja, ja… De hecho, En bandeja de plata de Billy Wilder tiene mucho que ver con esta película. Mi personaje es el “liante” y Alberto es el personaje que sufre al “liante”…



El humor se basa, muchas veces, en estructuras paralelas. A la izquierda, una imagen de El mundo es suyo. A la derecha, una imagen de En bandeja de plata de Billy Wilder.


EL ESPECTADOR IMPERTINENTE: ¿Qué aprendió el director de El mundo es nuestro que lo haya puesto en práctica en El mundo es suyo?

ALFONSO SÁNCHEZ: El director ha aprendido lo que no quiere más en su vida después de El mundo es nuestro. Yo no quiero volver a hacer una película como hice esa. El sufrimiento personal y el vértigo de dejarte la vida a ese nivel, de verte en la tesitura de perder amigos, perder familia, perder pareja, perder dinero, verte en la ruina, y todo apostártelo por una carta es muy emocionante pero yo creo que se hace una vez en la vida y a una edad determinada. Yo ya descubrí que no quería hacer eso y, quizás, por ese motivo, he tardado seis años en volver a dirigir otra película porque tenían que darse las circunstancias de que la pudiéramos hacer en otras condiciones… Era muy difícil el cóctel que queríamos juntar. Queríamos hacer una película estándar, queríamos hacerla desde Sevilla, además, con una financiación que cubriera lo que tiene que tener mínimamente una película y, además, que fuera una película que se hiciera con plena libertad creativa y que, además, estuviera garantizada su distribución y su visibilidad. No hemos querido hacerla hasta que ha llegado el año de 2017, 2018 y han aparecido Sacromonte Films, Warner Bros. España, Atresmedia, Movistar y los grupos financieros que han empujado el proyecto de forma privada (recordemos que esta película está hecha sin ningún tipo de dinero público, de subvención, es totalmente privada) y, además, es un nuevo modelo de financiación de cine que es presente pero que yo pienso que va a ser el futuro del cine gracias a las nueves leyes del sector y a los incentivos fiscales… Hasta que no hemos encontrado ese modelo, no nos hemos metido a hacer la película. Además, vuelvo a repetir, con plena libertad creativa… Muchas veces, con la mala prensa que tiene trabajar con una major, pues para nada… Nuestra experiencia no ha sido así. Ha sido sumamente gratificante. Y lo que hay es lo que hay. Lo que el público va a ver es lo que somos y lo que fuimos con El mundo es nuestro.



 Imagen de El mundo es suyo en la que aparecen, a pantalla partida, a la izquierda, Alberto López y, a la derecha, Carmen Canivell


Alberto López interpreta en El mundo es suyo a chico de clase social modesta que se casa con chica de clase alta pero que no acaba de ser aceptado por su nueva familia política (Fotografía de Lorenzo Hernandez)


EL ESPECTADOR IMPERTINENTE: ¿Cómo se consigue que un guion llegue a ser cómico?¿Desde el principio lo es?¿O es fruto de un proceso desde su escritura hasta verlo plasmado en pantalla?

ALBERTO LÓPEZ: Hay una evolución por parte nuestra, desde que empezamos a trabajar con 19-20-21 años, hay un desarrollo en tu técnica interpretativa. Hay una evolución también, sin ser escritor, o sin ser guionista, de entender los guiones, y de adecuar esos guiones a tus tiempos interpretativos. De adecuar esas historias a tu físico, a tu status orgánico en ese momento… Yo trabajo mucho desde lo físico. Me ha gustado mucho la danza, me ha gustado mucho el circo, he hecho circo, he hecho danza contemporánea… Siempre trabajo desde lo físico. Entonces, para mí la palabra y el movimiento van muy unidos. Yo busco una comicidad entre un gesto y una frase. Y es un trabajo que yo hago internamente en casa, casi de manera intuitiva, porque ya está ahí previamente desarrollado, la maquinaria ya está engrasada en el texto… A veces, acierto más: a veces, acierto menos; pero cuando el guion esté bien escrito siempre es más fácil. Después, está el proceso de ensayos, las lecturas de guion y va saliendo… Si en el guion está, si los mimbres están, se desarrolla la comicidad… También tienes que ser inteligente para hacerlo y tener cautela y no querer hacerte el gracioso, evidentemente. Si está bien escrito, siempre es más fácil.

ALFONSO SÁNCHEZ: Para mí, la comedia es ritmo. La comedia es básicamente ritmo Es una mezcla de ritmos que son, básicamente, contradictorios o que no pueden ser armónicos en un momento dado. Cuando hablan de la comedia o de las grandes comedias, toda gran comedia lleva dentro un drama y una gran tragedia. Si tú analizas las peripecias de los personajes en nuestra película, todos viven un drama extraordinario. Además, están poniendo en juego sus vidas. Por un lado, Rafi desde el mismo principio de la película sabemos que la está poniendo en juego y, en el caso de Fali, está poniendo su lugar en el mundo y todo lo que tiene. Incluso, conociendo al suegro que tiene, también está jugándose su pellejo. De esa desesperación, se ponen a los personajes en unas situaciones que los llevan al límite. En el límite, ahí es donde está la comedia. Cuando se habla, por ejemplo, del pez fuera del agua, cuando sacamos a los personajes de su zona de confort, ahí es donde empieza la comedia, es cuando empiezan a darse situaciones que sorprenden al espectador y que lo desconciertan. Ahí es donde surge la risa. Yo creo que la risa es un mecanismo de defensa del propio cuerpo humano ante el nerviosismo. Los simios, por ejemplo, ríen cuando están muy nerviosos. Es muy curioso, ¿no? Yo creo que ahí hay un nexo de unión y, por supuesto, además, un planteamiento que choca con la cotidianidad. Esos personajes tienen una forma de ver el mundo que no es la estándar. Esa forma tan estrambótica que, a veces, tiene de pensar y de verbalizar lo que piensan y lo que sienten es lo que hace que al público le genere la risa. Yo creo que ahí está la clave. Y ahí, es cierto, nosotros hemos investigado en esta película, a quien sepa entrar, a quien le apetezca entrar, hay distintos niveles de humor. Está desde el humor de trazo absolutamente grueso y que, incluso, podría considerarse, por ciertas personas, chabacano, hasta un humor muy fino y muy sutil… Si el público se fija, hay muchos planos-secuencia en los que están pasando cosas en primer término, pero en los que también están pasando cosas en segundo término, e, incluso, en tercer término, e incluso en off porque lo hacemos mucho con el sonido… Porque, además, mi manera de dirigir es con el oído, es una manera muy musical… Para mí, el guion es una partitura, por eso he hablado antes del ritmo… Yo me paso mucho tiempo trabajando sentado en una mesa y leyendo el guion, leyendo el guion, leyendo el guion… ¿Para qué? Para que cuando el guion suene como tenga que sonar, nos levantamos de la mesa y hacemos las puestas en escena que son mucho más sencillas de realizar porque los actores ya conocen la partitura… Es como los músicos. Un músico que conozca su instrumento y que conoce cómo tiene que sonar una nota, puede llegar un fin de semana sin haber ensayado y, en un día, tocarte Peer Gynt en el Teatro Real. Porque es su oficio y lo tiene muy trabajado. Esa forma de trabajar es la que a mí me parece más interesante.



 Alberto López y Alfonso Sánchez tienen grandes esperanzas en su nuevo proyecto. El apoyo de Sacromonte Films, Atresmedia, Movistar y Warner Bros supone un importante espaldarazo.


EL ESPECTADOR IMPERTINENTE: Hay, detrás de la película, un entramado temático que tiene mucho que ver con la cultura andaluza y el cine andaluz… Hay, por ejemplo, un homenaje implícito a Se acabó el petróleo (1980) de Pancho Bautista…

ALFONSO SÁNCHEZ: Sin duda.

ALBERTO LÓPEZ: Que fue la película más taquillera del cine español hasta que llegó Torrente… Increíble.

EL ESPECTADOR IMPERTINENTE: Aparece José Luis García Cossío “Selu”, un personaje emblemático de los carnavales de Cádiz, con todo lo que ello conlleva… Aparece como actor Javier García-Pelayo, que es todo un clásico del cine andaluz… Hay ecos de muchas leyendas urbanas en torno a las Vírgenes de Sevilla… ¿Es así?

ALFONSO SÁNCHEZ: Para quien quiera verlo, hay muchísimo de lo que tú dices en la película.

ALBERTO LÓPEZ: Pero ya no sólo hacia lo andaluz. Sino hacia lo universal, también. Alfonso tiene esa habilidad. De globalizar lo local. Eso es algo muy bonito. Hay referentes del cine americano, hay referentes de la cultura popular, de historias populares… Hay referentes de cine andaluz, de cine español… Hay miles. Hay tantas como cine que le cabe en la cabeza a mi “compadre”.



Alfonso Sánchez y Alberto López con José Manuel Cruz (autor del artículo) y Lorenzo Hernandez (fotógrafo)


Como ven, no se dejen llevar por las apariencias con El mundo es suyo. Hay mucho trasfondo en esta película por debajo de su aparente, sólo aparente, ligereza. Una carga crítica muy fuerte contra una determinada situación social, un entramado narrativo muy bien elaborado y unas interpretaciones brillantes que son fundamentales para sostener el film. Los dos protagonistas dominan tan bien sus personajes que son capaces de jugar con ellos, de encontrarles matices, de encontrarle nuevas vertientes y facetas y, en definitiva, hacerlos evolucionar para que el espectador los vea como algo completamente nuevo aunque hace diez años creyera que ya sabía todo de ellos. Está imponente Mar Saura que, con su sola presencia,  es capaz de llenar ella sola la pantalla. Carlos Olalla, como suegro del personaje de Alberto López, y Javier García-Pelayo, interpretando a un personaje del que no vamos a revelar detalles, también están perfectos, con una madurez interpretativa que da gran solidez a la película. Y sin olvidar a Mari Paz Sayago, que vuelve a interpretar a la peculiar reportera que ya aparecía en El mundo es nuestro y que hace una inteligente parodia de esos programas televisivos en directo en los que se habla mucho aunque no haya demasiado que contar... En definitiva, El mundo es suyo es una película con la que es imposible aburrirse y que ofrece caras que, en principio, serán inesperadas y sorprendentes para el espectador desprevenido. Pero que no lo son para quienes sabemos todo el potencial que encierra la comedia y el cine de humor.



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