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viernes, 20 de junio de 2014

X-MEN: DÍAS DEL FUTURO PASADO y SÓLO LOS AMANTES SOBREVIVEN



Hoy, tenemos que hablar, aparentemente, de especies misteriosas que habitan entre los seres humanos. En realidad, estaremos hablando de la soledad, del miedo y del extrañamiento.


X-MEN: DÍAS DEL FUTURO PASADO (o los circos de tres pistas están bien pero hay que tener cuidado con los que tienen más de cuatro)

TÍTULO: X-Men: Días del futuro pasado.. TÍTULO ORIGINAL: X-Men: Days of Future Past. AÑO: 2014. NACIONALIDAD: Estados Unidos-Reino Unido. DIRECCIÓN: Bryan Singer. GUIÓN: Simon Kinberg, Jane Goldman y Matthew Vaughn. DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA: Newton Thomas Sigel. MONTAJE: Michael Louis Hill y John Ottman. MÚSICA ORIGINAL: John Ottman. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Hugh Jackman, James McAvoy, Michael Fassbender, Jennifer Lawrence, Halle Berry, Nicholas Hoult, Anna Paquin, Ellen Page, Peter Dinklage, Shawn Ashmore, Evan Peters, Ian McKellen, Patrick Stewart, Famke Janssen. PÁGINA WEB OFICIAL: http://www.sololosamantessobreviven.es/.

En mi opinión, las adaptaciones de comics realizadas en los últimos tiempos por Hollywood han dado lugar a tres sagas verdaderamente redondas e interesantes. La primera, indudablemente, la del Batman de Christopher Nolan (http://elespectadorimpertinente.blogspot.com.es/2012/07/moonrise-kingdom-y-el-caballero-oscuro.html), la cual constituye, sin duda alguna, la cumbre del género. La segunda, a pesar de que no todos están de acuerdo, la del Capitán América, la cual ya tiene en su haber dos títulos que hemos comentado en este blog (http://elespectadorimpertinente.blogspot.com.es/2011/09/capitan-america-el-primer-vengador-y.html y http://elespectadorimpertinente.blogspot.com.es/2011/09/capitan-america-el-primer-vengador-y.html). Finalmente, está la de los X-Men, que ha sido una de las más prolíficas y que, además, tiene visos de continuar.

Empezó esta serie con X-Men (2000), dirigida por Bryan Singer (realizador, entre otras, de Sospechosos habituales -1995-, Verano de corrupción -1998- o Valkiria -2008-), que hizo las funciones de presentación de los personajes y que ha sido la que ha tenido la trama más convencional, con el enfrentamiento clásico entre el grupo liderado por el profesor Charles Xavier frente al grupo comandado por su némesis, el malvado Magneto. En X-Men 2 (2003), también dirigida por Bryan Singer, se introducía una variante que incorporaba otra de las líneas argumentales del cómic original: la necesidad de que los dos grupos de mutantes tuvieran que convertirse en aliados para evitar la intención de exterminio contra ellos. Probablemente, esta película no sólo sea la mejor de la saga, sino que también habría que decir que es una de los mejores títulos de todo el género, por su equilibrio entre tono épico, hondura conceptual y riqueza estética. En X-Men. La decisión final (2006) se cambiaba de director, de forma que el encargado de esta entrega fue Brett Ratner (que cuenta en su haber con títulos como los de la saga Hora punta, Family Man -2000-, El dragón rojo -2002- o Un golpe de altura -2011-). Se trata de una obra conseguida en términos generales y con elementos interesantes aunque, en conjunto, no representaba una novedad de peso dentro de la serie. 

Sin saber muy bien cómo debía ser reorientada esta, se tomaron dos caminos distintos. Por un lado, se quiso dar protagonismo al personaje de más carisma del cómic, Lobezno, de forma que se realizó en 2009 X-Men orígenes: Lobezno, dirigida por Gavin Hood y que fue un sonoro fracaso. En 2013, James Mangold realizó Lobezno inmortal (http://elespectadorimpertinente.blogspot.com.es/2013/07/lobezno-inmortal-o-tambien-los.html), película notable que incorporó elementos muy novedosos y que compensó el fiasco de la primera entrega en solitario del personaje. Entre medias, Matthew Vaughn dirigió X-Men: Primera generación (2011), la cual era una precuela de toda la serie y que narraba el inicio de toda la historia (http://elespectadorimpertinente.blogspot.com.es/2011/07/x-men-primera-generacion-o-asi-empezo.html). Se trató de un film magnífico, divertido y chispeante sin perder hondura y aliento épico, de forma que la serie se vio rejuvenecida y atractivamente estimulada.






En X-Men: Días del futuro pasado, vuelve a la dirección Bryan Singer y se adopta la interesante idea de unir la saga original (de forma que esto podría ser X-Men 4), con la precuela de Vaughn (por lo que también podría ser X-Men: Primera generación 2), al tener que hacer Lobezno un viaje hacia el pasado para intentar remediar la situación crítica que vive la humanidad y los mutantes en el futuro.

Es indudable que la mezcla de las dos sagas (la original y la precuela) ayuda a imprimir a la película una gran espectacularidad. Asimismo, el intenso arranque y los giros inesperados que Lobezno se encuentra en su viaje al pasado (un profesor Charles Xavier atormentado, una Mística convertida en una auténtica outsider, un Magneto oscuro e imprevisible…) logran que el espectador mantenga la atención a lo largo de todo el metraje.

Sin embargo, los dos grandes problemas de esta película son, por un lado, que hay un exceso evidente de elementos, argumentos y personajes de peso (en la revista Cinerama, se indica que Singer se llegó a juntar con 20 actores y actrices protagonistas: es decir, toda una pasada…), lo cual resta intensidad a todo el conjunto y, por otro, el detonante de la trama (las Criaturas que han llegado a controlar el planeta) se despacha demasiado pronto, lo cual provoca que el espectador entre algo frío en el inicio de la trama principal.

Por todo ello, aunque hay que reconocer que X-Men: Días del futuro pasado es un impresionante espectáculo visual muy bien dirigido, la película se queda en mucho menos de lo que pudo haber sido. Esperemos que X-Men: Apocalypse sirva para que la saga recupere el nivel alcanzado en sus mejores entregas.


Nota (de 1 a 10): 7.

Lo que más me gustó: Sabe desarrollar con claridad una trama compleja. La agilidad de su ritmo. La secuencia de acción que se desarrolla en París.

Lo que menos me gustó: Se queda en menos de lo que pudo llegar a ser. ¿No se parece demasiado la trama principal a la de Terminator?


SÓLO LOS AMANTES SOBREVIVEN (o los zombis son los otros)

TÍTULO: Sólo los amantes sobreviven. TÍTULO ORIGINAL: Only Lovers Left Alive. AÑO: 2013. NACIONALIDAD: Reino Unido-Alemania-Grecia. DIRECCIÓN Y GUIÓN: Jim Jarmusch. DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA: Yorick Le Saux. MONTAJE: Affonso Gonçalves. MÚSICA ORIGINAL: Jozef van Wissem y SQÜRL. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Tilda Swinton, Tom Hiddleston, Anton Yelchin, Mia Wasikowska, John Hurt, Jeffrey Wright. PÁGINA WEB OFICIAL: http://www.sololosamantessobreviven.es/.

El tema del vampirismo se ha tratado en el cine según dos líneas bastante irreconciliables que arrancan, curiosamente, de la misma obra seminal: la novela Drácula (1897) de Bram Stoker. Porque si allí estaba presente la dimensión sangrienta que derivaba del origen legendario del personaje (el príncipe rumano Vlad el Empalador: http://es.wikipedia.org/wiki/Vlad_Tepes),   también figuraba, al mismo tiempo, la dimensión sexual, romántica y hasta estética y, finalmente, conectada con todo ello, la reflexión sobre la posibilidad o no de redención moral del personaje protagonista. (Por ello, si algo se le puede achacar al Drácula – 1992- de Francis Ford Coppola es que, quizás, sea la película que con mayor fidelidad ha recogido el espíritu de la novela original).

Las adaptaciones cinematográficas posteriores, salvo la indicada, han optado, en términos generales, por una de las dos líneas antes descritas, de forma que ha imperado la tendencia inclinada hacia convertir el tema en una de las vertientes fundamentales del género de terror: Drácula (1931) de Tod Browning, Drácula (1958) de Terence Fisher, El Conde Drácula (1970) de Jesús Franco, Drácula (1979) de John Badham o Entrevista con el vampiro (1994) de Neil Jordan serían buenos ejemplos.

Sin embargo, cuando se ha abordado el vampirismo desde la perspectiva romántica, estética o moral se han alcanzado resultados verdaderamente sugerentes, dando lugar a obras de culto extrañas, originales e inclasificables. Recordemos Las vampiras (1971) de Jesús Franco (http://elespectadorimpertinente.blogspot.com.es/2013/04/erase-una-vez-en-anatolia.html), El gran amor del conde Drácula (1973) de Javier Aguirre (protagonizada por el gran Paul Naschy), Arrebato (1980) de Iván Zulueta (http://elespectadorimpertinente.blogspot.com.es/2012/07/malas-noticias-too-big-to-fail-o.html), El ansia (1983) de Tony Scott o Déjame entrar (2008) de Thomas Alfredson.

(Dejo aparte dos títulos muy diferentes entre sí que merecerían una explicación mucho más amplia y detenida: la primera película que abordó el tema y que era una adaptación sin reconocer de la novela de Stoker, Nosferatu (1922) de F. W. Murnau y Drácula contra Frankenstein (1972) de Jesús Franco, quien, como pueden ver en los listados que hemos hecho, trató la cuestión desde casi todas las perspectivas posibles).

Sólo los amantes sobreviven (sólo el título nos da ya una pista muy evidente), se decanta por la línea romántica y esteticista y el director ha logrado crear una película fascinante, un film destinado a ser una obra de culto y que, en posteriores revisiones, irá ganando prestigio porque, sin duda alguna, en ellas se irán hallando matices y claves que, en una primera visión seguramente han pasado desapercibidas.








Jim Jarmusch es un director en el que su obra, curiosamente, tiene más peso la fuerza de su personalidad que el carácter unitario de su cine. Películas tan distintas como Extraños en el paraíso (1984), Bajo el peso de la ley (1986), Mystery Train (1989), Noche en la tierra (1991), Dead Man (1995), Ghost Dog, el camino del samurái (1999), Flores rotas (2005) o Los límites del control (2009) hacen difícil que podamos encontrar un rasgo distintivo claro más allá del carácter independiente, indómito y contracorriente de su realizador.

Sólo los amantes sobreviven, hasta cierto, puede servir para reforzar el carácter variopinto de la obra de Jarmusch o, a lo mejor, la podemos tomar de referencia para que aquella adquiera una unidad inesperada. Porque la visión que la película ofrece de los vampiros (aparte de que serían los “buenos”, frente a los “humanos”, quienes seríamos los “malos”) es la de unos personajes que, tal vez en contrapartida a vivir de la sangre ajena, han ido aportando de forma anónima a lo largo de su vida inmortal creaciones y progresos esenciales en la historia de la Humanidad, los cuales acaban siendo atribuidos a otros autores (es decir, los vampiros viven de la sangre de los “humanos” y los “humanos” vampirizan, a su vez, las ideas de los vampiros). O, si profundizamos en esta parte del argumento, se trataría de renunciar a la fama y al prestigio público para poder crear con libertad y sin ataduras, para poder crear algo que permanezca eternamente vivo. En cierto modo, ello puede ser interpretado como una autorreivindicación de su propia obra por parte de Jarmusch o, en general, una defensa de todo el cine independiente, capaces ambos de aportar ideas nuevas que después son copiadas por el cine que podríamos denominar mainstream.

Pero, además de este concepto (que lleva a ocurrencias tan epatantes como la de llamar a Shakespeare “zombi analfabeto e ignorante”), Sólo los amantes sobreviven ofrece una visión del romanticismo muy personal y peculiar. Porque se trata de un romanticismo frío, gélido, hierático, intelectual; un romanticismo que acaba encontrando su fundamento en la física cuántica y en una visión muy cercana a la que Borges desarrolló en “El inmortal”, cuento que forma parte de El Aleph (1949). Porque hay romanticismo en la medida en que, tras siglos de convivencia y conocimiento mutuo, la pasión ha dejado paso a un sentimiento que puede denominarse, verdaderamente, amor. Un amor que no depende de la cercanía o de la proximidad sino de una comunión espiritual que va más allá de la distancia o del silencio.

Por ello, la película es radicalmente romántica porque ofrece una radical visión del amor. Y, tras expresarla poéticamente en la última conversación de los protagonistas, la trama da paso a lo que podría ser una convencional escena de película de vampiros. Pero no llegamos a verla. Porque Sólo los amantes sobreviven termina en el mismo punto donde empezaría una película de terror convencional, lo cual nos revela que lo que hemos visto no es más que la deconstrucción de un mito, la indagación profunda en sus perfiles y en sus fundamentos últimos y en mostrar todo aquello que un film de género alberga pero acaba escondiendo, mitad por pudor mitad por estrategia narrativa.


Nota (de 1 a 10): 8.

Lo que más me gustó: El conseguido clima que envuelve a la trama. Las interpretaciones de Tilda Swinton, Tom Hiddleston, Mia Wasikowska y John Hurt. Su original visión del tema del vampirismo.

Lo que menos me gustó: Quizás, se espera una revelación que no acaba de llegar.



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