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jueves, 5 de diciembre de 2013

EL CONSEJERO (o cuando Ridley Scott se convirtió en una mezcla de Tarantino y los hermanos Coen y Cormac McCarthy se quiso transmutar en Jim Thompson y ambos fallaron en el intento)



TÍTULO: El consejero. TÍTULO ORIGINAL: The CounselorAÑO: 2013. NACIONALIDAD: Estados Unidos-Reino Unido. DIRECCIÓN: Ridley Scott. GUIÓN: Cormac McCarthy. MÚSICA ORIGINAL: Daniel Pemberton. DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA: Dariusz Wolski. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Michael Fassbender, Penélope Cruz, Cameron Diaz, Javier Bardem, Brad Pitt, Bruno Ganz, Rosie Perez, Edgar Ramirez, Frank Spano, Fernando Cayo, Dean Norris, Ruben Blades, Natalie Dormer, Goran Visnjic. PÁGINA WEB OFICIAL: http://www.thecounselormovie.com/es/#!/characters

El consejero es la segunda película de Ridley Scott que tenemos ocasión de comentar en este blog tras hacerlo el año pasado con Prometheus (http://elespectadorimpertinente.blogspot.com.es/2012/09/prometheus-o-el-moderno-frankenstein.html). Con un director tan genial e irregular como Scott, y con su proverbial alternancia de obras maestras y títulos decepcionantes, cabía pensar que, tras la frustración que supuso su anterior film, en este tocaba que nos resarciera y nos proporcionara una gran película. La participación en el reparto de Michael Fassbender, Penélope Cruz, Javier Bardem y Brad Pitt y la autoría del novelista Cormac McCarthy en el guión (autor de las obras originales en las que se basaron Todos los caballos bellos –Billy Bob Thornton, 2000-, No es país para viejos –Joel y Ethan Coen, 2007- y La carretera –John Hillcoat, 2009-) invitaban al optimismo. Sin embargo, el resultado final no llega a ser especialmente estimulante.

Quizás, el primer gran problema de El consejero es que, aparte de su condición de guionista, Cormac McCarthy es productor de la película. Con ello, supongo que no habrá nadie que se haya atrevido a decirle que el guión necesitaba ser rehecho para narrar con mayor claridad una historia que no deja de estar confusa en ningún momento. Porque los problemas de un abogado que decide entrar en el negocio de las drogas (más o menos, de eso parece que va la película), son contados, desde los primeros minutos del film, de una forma absolutamente críptica y con constante uso (y abuso) de elipsis, sin que el espectador pueda conectar con los personajes y la narración hasta casi la mitad del metraje.






Aparte de ello, hay una considerable falta de estilo y sello personal en la película (algo sorprendente tratándose de Scott) que, desde el punto de vista del guión, parece conectar, de algún modo, con las novelas de Jim Thompson y, desde el punto de vista de la realización, con el cine de Tarantino (con sus largos diálogos, aparentemente intrascendentes) y de los hermanos Coen (con la misma sequedad visual que tenía No es país para viejos). Es decir, como pueden deducir, una extraña mezcla. En gran medida, da la impresión de que Ridley Scott se ha limitado a ilustrar el guión que le han dado sin mucho entusiasmo, con escasa convicción y de la manera menos comprometida posible. (Ello a pesar de que parece que McCarthy tenía pensado que Scott era el director idóneo ya que, casi al final, hay una referencia a la pureza del guepardo como cazador que es un homenaje obvio al monólogo del androide de Alien -1979- sobre la pureza de la criatura que ha ido aniquilando a la tripulación de la Nostromo).

A pesar de todo, hay que admitir que, en su segunda mitad, la película adquiere una rara intensidad y la historia adquiere un fascinante tono de pesadilla que, reforzado por la solvente interpretación de todo el reparto (aunque a mí me han parecido que están especialmente bien Penélope Cruz y Javier Bardem porque el resto de protagonistas están, más bien, en “modo piloto automático”) permite que la película tenga algunos momentos brillantes. Además, es muy bien aprovechado el hecho de que la trama se desarrolle en la frontera entre Estados Unidos y México. En muchos momentos, no sabemos en qué lado de la frontera tiene lugar la acción y ello se convierte en una sutil metáfora de la pérdida de referentes éticos en la que están sumidos los personajes.

Pese a ello, es evidente que esperábamos mucho más de Ridley Scott. Y la realidad es que, desde American Gangster (2007), el director británico no ha brillado a la altura de lo que su talento ha demostrado en los mejores momentos de su carrera.


Nota (de 1 a 10): 6.

Lo que más me gustó: Las interpretaciones de Penélope Cruz y Javier Bardem.

Lo que menos me gustó: Su confusión no aporta nada.


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