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viernes, 29 de noviembre de 2013

UNA FAMILIA DE TOKIO (o cómo sería John Ford con los ojos rasgados)



TÍTULO: Una familia de Tokio. TÍTULO ORIGINAL: Tôkyô kazokuAÑO: 2013. NACIONALIDAD: Japón. DIRECCIÓN: Yoji Yamada. GUIÓN: Yoji Yamada y Emiko Hiramatsu. MÚSICA ORIGINAL: Joe Hisaishi. DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA: Mafumi Chikamori. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Isao Hashizume, Kazuko Yoshiyuki, Masahiko Nishimura, Yui Natsukawa, Tomoko Nakajima, Shozo Hayashiya, Satoshi Tsumabuki, Yu Aoi, Nenji Kobayashi, Jun Fubuki, Narumi Kayashima, Ryuichiro Shibata. PÁGINA WEB OFICIAL: http://www.acontracorrientefilms.com/pelicula/245/una-familia-de-tokio/.

No fue hasta 1950, cuando Rashomon de Akira Kurosawa se proyectó en el Festival de Venecia, ganando el León de Oro la mejor película, cuando Occidente descubrió la cinematografía japonesa. A raíz de ello, los nombres del propio Kurosawa (El idiota -1951-, Vivir -1952, Los siete samuráis -1954-, Trono de sangre -1957-, La fortaleza escondida -1958-, Yojimbo -1961-, Kagemusha, la sombra del guerrero -1980-, Ran -1985-), de Kenji Mizoguchi (La vida de Oharu, mujer galante -1952-, Cuentos de la luna pálida -1953-, El intendente Sansho -1954-, Los amantes crucificados -1954-, La emperatriz Yang Kwei Fei -1955-, El héroe sacrílego -1955-, La calle de la vergüenza -1956-), Yasujiro Ozu (Historia de un vecindario -1947-, Primavera tardía -1949-, Principios de verano -1951-, Cuentos de Tokio -1953-, Primavera precoz -1956-, Otoño tardío -1960-, El otoño de la familia Kohayagawa -1961-), Kaneto Shindo (Los niños de Hiroshima -1952-, La isla desnuda -1960-, Onibaba -1964-), Teinosuke Kinugasa (La puerta del infierno -1953-), Kon Ichikawa (El arpa birmana -1956-), Masaki Kobayashi (Harakiri -1962-, la trilogía La condición humana -1959-1961-), Susumu Hani (Mitasareta seikatsu -1962-), Seijun Suzuki (El vagabundo de Tokio -1966-, Marcado para matar -1967-) o  Shohei Imamura (La venganza es mía -1981-, La balada de Narayama -1983-, Lluvia negra -1989-, La anguila -1997-) pasaron a formar parte de los nombres clásicos de la historia del cine. 



 Kenji Mizoguchi (1898-1956)




Akira Kurosawa (1910-1998)



Yasujiro Ozu (1903-1963)


Con posterioridad, directores tan interesantes como Nagisa Oshima (El imperio de los sentidos -1976-, El imperio de la pasión -1978-), Takeshi Kitano (Boiling Point -1990-, Hana-bi. Flores de fuego -1997-, Brother -2000-, Dolls -2002-, Zatoichi -2003-), Yojiro Takita (Despedidas -2008-) o Hirokazu Koreeda (After Life -1998-, Nadie sabe -2004-, Still Walking -2008), representantes del cine de animación como Hayao Miyazaki (Nausicaa del valle del viento -1984-, Mi vecino Totoro -1988-, Porco Rosso -1992-, La princesa Mononoke -1997-, El viaje de Chihiro -2001-, El castillo ambulante -2004, Ponyo en el acantilado -2008-), Katshuhiro Otomo (Akira -1988-), Hideaki Anno (Neon Genesis Evangelion -1995-), Mamoru Oshii (Ghost in the Shell -1995) o Satoshi Kon (Paprika -2006-) o del cine de terror como Kiyoshy Kurosawa (Cure -1997-), Hideo Nakata (The Ring: El círculo -1998-, Dark Water -2002-), Takashi Miike (Ichi the Killer -2001-, Llamada perdida -2003-, 13 asesinos -2013-) o Takashi Shimizu (La maldición (The grudge) -2002-, Seres extraños -2004-) han seguido manteniendo a Japón en la primera línea de la cinematografía mundial.





Hayao Miyazaki (1941- )



Takeshi Kitano (1947- )


Yoji Yamada es un veterano director de 82 años, realizador de casi 80 películas, poco conocido en España y que, con anterioridad,  había visto cierta repercusión de su obra en nuestro país con la llamada “Trilogía del samurái”: El ocaso del samurái (2002), The hidden blade (2004) y El catador de venenos (2006). Gracias a ella, sabemos que la gran referencia de este autor nipón es, indudablemente, el cine de John Ford. Su mezcla de cinismo y ternura, de humor y drama, su repulsa y desprecio por las malas personas, su cariño entrañable por la gente sencilla y corriente y, sobre todo, su ausencia de retórica y barroquismo se dejaban ver, con total intensidad, en el cine de Yamada, de forma que el lugar de los pistoleros y los cowboys era ocupado por samuráis que veían como su mundo se estaba extinguiendo (es decir, lo mismo que sucedía en El hombre que amaba a Liberty Valance). Yamada ha visto cómo el triunfo en el Festival de Valladolid de 2013 (donde consiguió la Espiga de Oro a la Mejor Película) ha servido para que se estrenara en España su última producción, Una familia de Tokio, remake de la archiconocida (y antes mencionada) Cuentos de Tokio de Yasujiro Ozu, lo cual tampoco es una casualidad.





En realidad, antes de Yamada, Ozu era el director que más se aproximaba a Ford en cuanto a su concepción del cine y, en su obra maestra, de la que ahora se hace una nueva adaptación, sitúa a la familia y al retrato del final de una época en el centro de la narración (como detalle, en un momento de Cuentos de Tokio, un nieto de los protagonistas silba la música original de La diligencia, lo cual tampoco es casual, claro está). Por ello, la adaptación de Yamada es un homenaje a, posiblemente, los dos directores que más le han influido y, sobre todo, trae a los tiempos actuales temas que siempre están presentes en la vida cotidiana de cada uno de nosotros.

No son esencialmente distintos (ni pueden serlo) la pareja de ancianos que visitan a sus hijos y nietos en el Tokio de 1953 o en el Tokio de hoy. Los mismos problemas, los mismos roces, las mismas decepciones, las mismas ilusiones, las mismas sorpresas y las mismas alegrías se repiten en uno y otro momento como recordatorio de que los seres humanos siempre somos iguales aunque las apariencias nos puedan engañar. Si el gran trauma del Japón de los 50 era su derrota en la II Guerra Mundial, en el Japón de hoy es el tsunami de 2011 y los daños en la central nuclear de Fukushima.

Siguiendo a la hora de hacer la adaptación una estrategia parecida a la que siguiera Leo McCarey en sus dos versiones de Tú y yo (para comprobarlo, basta con comparar cómo están situadas las cámaras en escenas similares en la película original y en su remake), la fuerza interpretativa de todo el reparto conseguida a través de la máxima sencillez y realismo hacen de Una familia de Tokio una preciosa película que transmite una sensación de verdad muy pocas veces conseguidas en el séptimo arte. A pesar de que no alcanza el nivel de la película original y que algunos minutos menos de metraje la hubieran mejorado bastante, Una familia de Tokio es un film muy recomendable que nos hará sentir un sorprendente afecto por personajes que, al final tendremos que reconocer, no son muy distintos a aquellos con los que podemos cruzarnos por la calle todos los días. Y conseguir eso en una película, tiene mucho mérito.


Nota (de 1 a 10): 8.

Lo que más me gustó: Las interpretaciones de Isao Hashizume y Kazuko Yoshiyuki. La limpieza de la mirada de Yamada.

Lo que menos me gustó: Pierde en la comparación con el original. Le sobran algunos minutos.

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