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viernes, 17 de mayo de 2013

REBELDE (WAR WITCH) y EL IMPOSTOR



Hoy, vamos a hablar de dos películas que nos aproximan a dos realidades muy diferentes: la canadiense Rebelde (War Witch) y la británica El impostor, una de las grandes sorpresas del año.


REBELDE (WAR WITCH) (o el horror, sencillamente el horror...)

TÍTULO: Rebelde (War Witch). TÍTULO ORIGINAL: Rebelle. AÑO: 2012. NACIONALIDAD: Canadá. DIRECCIÓN Y GUIÓN: Kim Nguyen. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Rachel Mwanza, Alain Lino Mic Eli Bastien, Serge Kanyinda, Mizinga Mwinga, Ralph Prosper, Jean Kabuya, Diane Uwamahoro, Jupiter Bokondji, Starlette Mathata, Alex Herabo, Dole Malalou, Karim Bamaraki, Sephora Françoise, Jonathan Kombe. PÁGINA WEB OFICIAL: http://www.goodfilms.es/catalogo/rebelde-war-witch/ y http://www.rebelle-lefilm.com/.

La República Democrática del Congo es una de los países cuya historia ha estado marcada en mayor medida por la violencia, la explotación y la ausencia de los principios elementales del Estado de Derecho. El territorio (de 2,34 millones de Km2) fue, al inicio de la época colonial, propiedad privada del rey de Bélgica, Leopoldo II y las terribles condiciones en que fue administrado por el monarca quedaron para siempre plasmadas en El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad. Tras la muerte de Leopoldo II en 1908, pasó a ser una colonia convencional y mejoró algo la situación del país. Pero, con la independencia en 1960, comenzó una etapa de gran inestabilidad en la que la injerencia de la antigua metrópoli alentando los movimientos secesionistas de las provincias de Katanga y Kasai del Sur llevó a una guerra civil que desembocó en la desaparición (y presunta muerte, ya que su cuerpo nunca ha aparecido) del primer ministro Patrice Lumumba. En 1965, comenzó la dictadura de Mobutu que, con mano de hierro y con grandes dosis de corrupción (que llevaron a su enorme enriquecimiento personal), impuso la estabilidad en el país. Un nuevo conflicto llevó en 1997 a la expulsión de Mobutu del poder y la llegada a la presidencia del líder rebelde, Laurent Kabila, quien, asesinado en 2001, fue sucedido por su hijo, Joseph Kabila. No obstante, la presencia de guerrillas rebeldes y la continua interferencia extranjera para aprovecharse de los recursos mineros del país siguen convulsionando al Congo e impidiendo que tome un camino de cierta prosperidad. Este es el contexto en el que se desarrolla esta película y muestra uno de sus aspectos que, aun siendo conocido, apenas había sido tratado cinematográficamente: la existencia de niños soldado.

Anteriormente en el blog, ya habíamos comentado varias películas que abordaban, directamente o indirectamente, la realidad africana. Lo hacía (aunque su temática tenía mucha mayor hondura), Los pasos dobles de Isaki Lacuesta (http://elespectadorimpertinente.blogspot.com.es/2011/10/los-pasos-dobles-o-aquello-que-el-cine.html). Se metía de lleno en esa realidad Kanimambo de Abdelatif Hwidar, Carla Subirana y Adán Aliaga (http://elespectadorimpertinente.blogspot.com.es/2012/04/15-festival-de-malaga-cine-espanol_23.html) y Wilaya de Pedro Pérez Rosado (http://elespectadorimpertinente.blogspot.com.es/2012/04/15-festival-de-malaga-cine-espanol_9570.html). Y Diamantes negros, de Miguel Alcantud, en el último Festival de Cine de Málaga, trataba un aspecto muy concreto de la misma (http://elespectadorimpertinente.blogspot.com.es/2013/04/16-festival-de-malaga-cine-espanol-2013_22.html). De todas ellas, Rebelde (War Witch) es, sin duda alguna, la más dura y amarga.










Rebelde (War Witch) narra la historia de Komona, una niña que ve cómo su aldea es asaltada por un grupo rebelde, el cual, después de asesinar a todos los adultos (incluidos sus padres), se llevan a los niños con el fin de que formen parte de las fuerzas de combate de la guerrilla. Una de las grandes virtudes de la película es que, sin dulcificar ni suavizar las circunstancias que vive la protagonista, evita en todo momento recrearse en el morbo o incidir excesivamente en la desgracia o la miseria moral. Todo se desarrolla con sutileza e, incluso, en determinados instantes, aparece el humor lo que no hace sino reforzar la verosimilitud y la sensación de realidad que logran impregnar toda la película. Aunque no se hace referencia expresa al país ni al momento en que se desarrolla la acción, ello no perjudica la comprensión de la trama sino que, en última instancia, permite hacer trascender la vida de la protagonista a una categoría universal, independiente de los avatares concretos que tiene que padecer: la historia de Komona es, dentro de sus elementos particulares, la eterna lucha del ser humano contra la adversidad y la permanente necesidad de superar los permanentes obstáculos que levanta un entorno hostil.

No obstante, sí que se apuntan varios elementos significativos de la realidad que ha de vivir Komona y que son altamente ilustrativos de la situación de muchos países africanos, algunos de ellos posiblemente poco conocidos (o, en todo caso, conocidos sin los suficientes matices) en Europa y, en general, en todo Occidente. Así, se comprueba que es difícil hablar de bandos claros en conflicto cuando una parte importante de quienes los integran han sido reclutados en contra de su voluntad. Igualmente, se muestra cómo el gran problema de estos países es que sus sociedades están desarticuladas y dominadas por una mentalidad donde la violencia está constantemente presente. También, se hace referencia a la necesidad de estos países de reencontrar y poder explicar su propio pasado (significativo es que, en un determinado momento, aparezca el retrato de Lumumba, alguien cuya muerte, como hemos dicho, nunca ha sido aclarada) para poder entender su presente. Y, finalmente, existe (para no dejarnos con un regusto amargo y hacernos vislumbrar un cierto optimismo) el convencimiento de que el nacimiento de un auténtico espíritu de comunidad haría posible mejorar la situación que estos países viven.

En resumen, Rebelde (War Witch) es una más que digna película que nos acerca a unos hechos que suelen ser ignorados o no suficientemente atendidos por los medios de comunicación de los países más desarrollados.


Nota (de 1 a 10): 7.

Lo que más me gustó: Logra ser contundente sin recrearse en el morbo.

Lo que menos me gustó: Cuando termina, no puedes dejar de pensar que la película podría ser más de lo que finalmente es.




 El IMPOSTOR (o “de lo que me está pasando/yo no me quiero enterar,/prefiero vivir soñando,/a conocer la verdad” * )

TÍTULO: The Imposter. TÍTULO ORIGINAL: El impostor. AÑO: 2012. NACIONALIDAD: Reino Unido. DIRECCIÓN: Bart Layton. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Adam O’Brian, Anna Ruben, Cathy Dresbach, Alan Teichman. Iván Villanueva, María Jesús Hoyos, Anton Martí, Amparo Fontanet, Ken Appledorn. Como ellos mismos: Carey Gibson, Bryan Gibson, Beverly Dollarhide, Frédéric Bourdin, Nancy Fisher, Philip French, Codey Gibson, Charlie Parker, Bruce Perry, Allie Hosteiler, Kevin Hendricks. PÁGINA WEB OFICIAL: http://www.avalon.me/distribucion/catalogo/el-impostor y http://imposterfilm.com/.


Nassim Nicholas Taleb, en su ensayo El cisne negro (nada que ver con la película del mismo título), cuenta cómo el ser humano padece de lo que él llama “falacia narrativa”. Es decir, sentimos la necesidad (casi compulsiva) de crear una historia a partir de cualquier tipo de datos que se nos presenten, aunque no tengamos constancia alguna de que los mismos puedan llegar a tener algún tipo de conexión. Esta necesidad se refuerza cuando tienen lugar hechos inesperados y, especialmente, cuando los mismos afectan a nuestras vidas, de forma que acabamos agarrándonos a relatos que hacemos pasar por la verdad sin que, a ciencia cierta, sepamos si son o no auténticos. De algo de esto hablamos ya cuando comentamos En la casa (http://elespectadorimpertinente.blogspot.com.es/2012/12/en-la-casa-o-como-estamos-rodeados-de.html) y Argo (http://elespectadorimpertinente.blogspot.com.es/2013/01/argo-o-todo-es-mentira.html) pero en El impostor vemos cómo se trata el tema no como simple hipótesis o mera excusa argumental sino que contemplamos, a través de un caso completamente verídico, cómo nuestra capacidad de fabular puede llegar a hacer nublar nuestro entendimiento.

En 1994, un niño de 14 años, Nicholas Barclay, desapareció en San Antonio (Texas). A pesar de los esfuerzos de su familia, no pudieron averiguar qué había sucedido ni cuál era su paradero. Cuando todo parecía estar perdido, en 1996 la familia recibe una llamada desde España (desde Linares), avisándoles de que Nicholas ha aparecido. Pero, en realidad, el joven encontrado no era Nicholas… 









Con lo que hemos dicho, en realidad no revelamos nada porque, desde el primer minuto de la película, sabemos que quien se presenta como el niño desaparecido dos años antes, es, de hecho, otra persona. Quien espere encontrar un thriller donde, hasta el último momento, no se desvele el misterio fundamental del film, se podría llevar un chasco. El impostor es un documental que indaga, a partir de una situación muy concreta, en los mecanismos de la mente humana y que, narrada con una inteligencia poco habitual en el cine actual, logra a partir de su idea central, desarrollar una serie de variaciones de la misma que se nos pueden escapar por la sutileza con que se hace dicho desarrollo.

Porque todos y cada uno de los que intervienen en la trama, se acaba fabricando su propia historia y creyendo a pies juntillas en ella, a pesar de la precaria información con que se cuenta para que ello sea así. Hay dos aspectos que son especialmente interesantes. El primero, cómo un inventor de historias nato (en España, lo denominaríamos “charlatán de feria”) puede irse saliendo con la suya de modo prácticamente inverosímil gracias a toda una serie de trucos y habilidades que son analizados y diseccionados con gran maestría por el director. El segundo, cómo, al implicarnos emocionalmente en un problema, nuestra propensión a la fabulación aumenta sin que seamos conscientes de ello. El ejemplo del detective privado es elocuente. Cuando tan sólo había abordado el caso de Nicholas Barclay de un modo estrictamente profesional, fue capaz de estudiarlo con la suficiente frialdad como para poner sobre la mesa algunas evidencias. Cuando, al final, lo vemos cavando, posiblemente de modo inútil, en un jardín, no podemos dejar de pensar que, quizás, se ha sumergido en su propia fábula como antes lo hicieron los miembros de la familia Barclay (y todos quienes participaron en el caso) en las suyas.

Sabiendo mantener en todo momento la tensión narrativa y con dos o tres giros de guión que quitarán el hipo, El impostor es una de las grandes sorpresas de la temporada y, quizás, la mejor película que hemos visto en lo que llevamos de año.



Nota (de 1 a 10): 9.

Lo que más me gustó: La enorme inteligencia con que está narrada la historia.

Lo que menos me gustó: El espectador se puede encontrar con una película muy distinta a la que esperaba.


* Los versos pertenecen a una copla de Quintero, León y Quiroga.

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