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domingo, 26 de mayo de 2013

DRIVE (o no es personal, es sólo negocios… hasta cierto punto)



ASIGNATURAS PENDIENTES

El pasado 22 de mayo, se proyectó en el Festival de Cannes la nueva película del director danés Nicolas Winding Refn, Only God Forgives (hay que decir que con mucha polémica: http://www.elconfidencial.com/cultura/2013/05/22/cannes-abuchea-a-la-nina-de-sus-ojos-121460/). Por ello, y porque en nuestra anterior entrada (http://elespectadorimpertinente.blogspot.com.es/2013/05/la-caza-o-cuando-nada-puede-volver-ser.html) hablamos del cine danés y de uno de sus principales directores, Thomas Vinterberg, hoy, en “Asignaturas pendientes”, vamos a recuperar una película estrenada a finales de 2011, Drive, que contó con la dirección de otro cineasta danés, Nicolas Winding Refn.


DRIVE (o no es personal, es sólo negocios… hasta cierto punto)

TÍTULO: Drive. TÍTULO ORIGINAL: DriveAÑO: 2011. NACIONALIDAD: Estados Unidos. DIRECCIÓN: Nicolas Winding Refn. GUIÓN: Hossein Amini, adaptando un libro de James Sallis. MÚSICA ORIGINAL: Cliff Martinez. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Ryan Gosling, Carey Mulligan, Bryan Cranston, Albert Brooks, Oscar Isaac, Christina Hendricks, Ron Perlman. PÁGINA WEB OFICIAL: http://www.drive-movie.com/.

Cuando, hace unas tres semanas, hablamos de Combustión (http://elespectadorimpertinente.blogspot.com.es/2013/04/16-festival-de-malaga-cine-espanol-2013_21.html), dijimos que en el noir existían dos tipos de películas: las arty y las dirty (que son arty a su manera). Las segundas, buscan reflejar la realidad en toda su crudeza, sin ningún tipo de maquillaje o paliativo. Las primeras, buscan estilizarla, llevar a cabo un ejercicio preciosista aplicando fórmulas y reglas que identifiquen al film inequívocamente dentro del género. El problema de las películas arty es que, en muchas ocasiones, convierten la violencia en objeto de belleza, lo cual implica problemas éticos obvios (de ahí, las controversias surgidas en torno a la nueva película de Refn cuando ha sido proyectada en Cannes). Por motivos que se nos pueden fácilmente escapar, Drive (que forma parte, evidentemente, del primer grupo mencionado) permaneció libre de toda controversia. Pero es que hay que tener en cuenta que, en el momento de su estreno, Refn no era un director muy conocido, que Drive no contó en su estreno con una intensa campaña publicitaria y que nació, prácticamente, con la vocación de ser, a lo sumo, una película de culto para un público que podía ser amplio pero que iba a ser, en cualquier caso, minoritario (objetivo que ha conseguido de sobra). Por ello, lejos de los focos de cualquier rifirrafe mediático, el prestigio de Drive pudo labrarse en el “boca a boca” de un grupo de adeptos que encontraron en ella una serie inequívoca de virtudes que recuperaban la esencia más pura del cine negro tradicional.

La afirmación anterior podría ser discutible para muchos. ¿Cómo es posible ello cuando, por ejemplo, la banca sonora está compuesta, básicamente por música electrónica y no por música de jazz?¿Cómo es posible cuando predomina una fotografía de colores fríos y el hieratismo en las interpretaciones de todo el reparto? Porque, por encima de lo accesorio, hay elementos que verdaderamente identifican al cine negro más genuino: el situar la narración en el límite entre la legalidad y la ilegalidad, entre la moralidad y la inmoralidad, entre el romanticismo y el pragmatismo, entre la verdad y las apariencias, entre el orden y el caos… Pero, sobre todo, por su voluntad decidida y consciente de buscar una forma específica de representar una realidad y unas circunstancias. El cine negro, en realidad, nunca ha seguido los cánones del clasicismo. Desde los tiempos de Scarface (1932) o El sueño eterno (1946) de Hawks, pasando por La ciudad desnuda (1948) de Jules Dassin, La fuerza del destino (1948) de Abraham Polonsky, El beso mortal (1955) de Robert Aldrich, Atraco perfecto (1956) de Stanley Kubrick, Sed de mal (1958) de Orson Welles o A quemarropa (1967) de John Boorman hasta llegar a La noche es nuestra (2007) o Mátalos suavemente (2012) de Andrew Dominik (http://elespectadorimpertinente.blogspot.com.es/2012/10/matalos-suavemente-o-como-seria-una.html), el cine negro siempre ha buscado romper e innovar, hallando unas fórmulas expresivas novedosas y, en la medida de lo posible, impactantes. Drive no se aparta, en lo más mínimo, de esa tendencia.







La película nos narra la historia de un personaje del que no llegaremos a conocer el nombre (Ryan Gosling) que, a la vez que trabaja de especialista en diversas películas, se ofrece a trabajar como conductor para diferentes bandas de atracadores. Se rige por unas normas rígidas y, para él, innegociables. Sin embargo, su apariencia, gélida e impasible, se resquebrajará cuando conozca a su vecina de piso (Carey Mulligan) y a su hijo. Estando el marido de ella (Oscar Isaac) en la cárcel, cuando se cumple su condena y regresa con su familia, se iniciará el desencadenante que llevará la historia a su brutal desenlace.

Rodada de manera cerebral y meticulosa, con una fotografía impregnada de un tono helado y con imágenes que recalcan la presencia de elementos geométricos urbanos, Drive viene a ser como una partida de ajedrez que se desarrolla por cauces lógicos hasta que, por la presión de la escasez de tiempo que marca el reloj (en este caso, la presión viene de las emociones y los sentimientos), los movimientos de las piezas empiezan a estar regidos por el azar y la improvisación. Y ello la acaba convirtiendo en una crónica de nuestra época, época en la que reina una mentalidad dominada por un individualismo (individualismo que es el que refleja la personalidad del personaje interpretado por Gosling) que tiene que ser dejado de lado en presencia de unas circunstancias adversas y de unos valores que se demuestran superiores (es significativo, en este sentido, el escorpión que el protagonista lleva dibujado en la espalda de su chaqueta: un animal que puede sobrevivir con el ataque de su aguijón pero que, al mismo tiempo, puede matarse a sí mismo con esa parte de su anatomía).

Esta captación del espíritu de los tiempos actuales es uno de los motivos que han llevado a que muchos espectadores hayan conectado con la película. También ayuda a ello que la historia homenajee, implícitamente, a la de otros films clásicos, en especial Raíces profundas (1953) de George Stevens. Si unimos a todo esto, las magníficas interpretaciones de todo el reparto y, en especial, las de Ryan Gosling y Carey Mulligan, comprenderemos la aureola que, casi instantáneamente, ha rodeado a Drive casi desde el mismo momento de su estreno.



Nota (de 1 a 10): 8.

Lo que más me gustó: Su factura visual. Las interpretaciones de Ryan Gosling y Carey Mulligan.

Lo que menos me gustó: Su estallido final de violencia no será del agrado de todos los espectadores.

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