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lunes, 22 de abril de 2013

16º FESTIVAL DE MÁLAGA CINE ESPAÑOL - 2013 // JORNADA 3



Hoy, en el Festival de Málaga, un retrato de un tema desconocido (Diamantes negros) y un thriller inesperadamente escalofriante (Hijo de Caín). Y, por supuesto, continúa el relato de ciencia-ficción…




DIAMANTES NEGROS (o sueños rotos sobre canchas de fútbol)

TÍTULO: Diamantes negros. TÍTULO ORIGINAL: Diamantes negrosAÑO: 2013. NACIONALIDAD: España. DIRECCIÓN Y GUIÓN: Miguel Alcantud. MÚSICA ORIGINAL: Juan Antonio Simarro. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Carlos Bardem, Guillermo Toledo, Ana Risueño, Carlo D’Ursi, Santiago Molero, Hamidou Samaké, Diego Álvarez, Setigui Diallo. PÁGINA WEB OFICIAL: http://www.potenzaproducciones.com/index.php/produccion/en-desarrollo/amadou-y-moussa/cartel/?lang=es.



Miguel Alcantud, tras haber dirigido en 2003 Impulsos, en 2007 Anastezsi y haber realizado varios episodios de las series televisivas de éxito El internado y Águila roja, afronta en esta ocasión un film sobre un tema poco conocido relacionado con el mundo del fútbol: la forma en que miles de jóvenes africanos son engañados con falsas promesas de fichar por importantes equipos del continente y cómo, al final, son dejados a su suerte cuando ningún club se interesa por sus servicios. Según las cifras que se recogen al final de la película, actualmente existen en Europa 20.000 jóvenes africanos (procedentes, sobre todo, de Nigeria, Costa de Marfil y Mali) que han venido desde sus países de origen mediante trampas y subterfugios (que llevan, incluso, a que sus familias incurran en importantes desembolsos económicos en relación al pobre nivel de vida existente en África) y que han quedado atrapados en Europa sin posibilidad de volver a sus lugares natales. Para mostrar esta realidad, Alcantud narra la historia de dos amigos de Mali (interpretados por dos actores no profesionales: Hamidou Samaké y Setigui Diallo) que vienen a España de la mano de un agente con escasos escrúpulos interpretado por Guillermo Toledo. A partir de ahí, empezarán los problemas…
 








La película cuenta en su haber con unas correctas interpretaciones de todo el reparto y de una narración ágil que permita que pueda ser vista sin demasiado disgusto. Igualmente, refleja muy bien los avatares que rodean el mundo del fútbol, tanto en su aspecto social, como la suerte y el azar que condicionan el éxito o fracaso de una carrera deportiva, como el aspecto psicológico que afecta, en mayor o menor medida, a todos los jugadores. Hay un momento en que, cuando uno de los futbolistas se bloquea estando solo ante el portero, es inevitable recordar la famosa novela de Peter Handke (llevada al cine por Wim Wenders en 1972) expresivamente titulada El miedo del portero ante el penalty (1970). En realidad, el miedo no lo tiene el portero, sino que lo tiene el atacante que, teniendo ante sí una posibilidad clara de gol, le pueden temblar o no las piernas en el lance definitivo. Ese instante, en el que la cámara se ralentiza, el objetivo se desenfoca y todo se vuelve inseguro es magníficamente retratado como símbolo de la delgada línea que separa el triunfo de la derrota (al igual que hiciera Javier Marías en su relato “En el tiempo indeciso” recogido en el libro Cuando fui mortal -1996-).

Aunque la película cuenta con virtudes apreciables y se observa la buena mano de su director, peca de que, a partir de un determinado momento del metraje, la historia se reitera en el mismo tipo de situaciones sin que logre aportar información adicional sobre el tema que está tratando. 

En resumen, aunque posiblemente hubiera tenido que profundizar en el análisis del problema que expone y hubiera tenido que ampliar su campo de visión, Diamantes negros es una película que se deja ver tanto por la corrección con la que está narrada como por la honestidad que rezuma todo el proyecto.


Nota (de 1 a 10): 6,5.

Lo que más me gustó: Su honestidad. 

Lo que menos me gustó: A partir de un cierto momento, da vueltas sobre sí misma.




HIJO DE CAÍN (o viaje al lado oscuro con aroma de Chabrol y Fincher)

TÍTULO: Hijo de Caín. TÍTULO ORIGINAL: Fill de CaínAÑO: 2013. NACIONALIDAD: España. DIRECCIÓN: Jesus Monllaó Plana. GUIÓN: Sergio Barrejón y David Victori, adaptando una novela de Ignacio García-Valiño. MÚSICA ORIGINAL: Ethan Lewis Maltby. INTÉRPRETES PRINCIPALES: José Coronado, María Molins, Jack Taylor, Julio Manrique, Mercè Rovira, David Solans, Abril García, Helena de la Torre, María Boquera. PÁGINA WEB OFICIAL: http://blogfilldecain.wordpress.com/.



Ya en una entrada anterior, comentamos que cuando en las películas de terror o de suspense aparece un niño, la angustia tiende a incrementarse exponencialmente (http://elespectadorimpertinente.blogspot.com.es/2011/07/insidious-o-como-en-las-peliculas-del.html). Hijo de Caín no constituye una excepción. Centrada en los problemas que un matrimonio de clase media-alta tiene con su hijo mayor, quien tiene serios problemas para establecer relaciones personales y manifiesta una personalidad con evidentes rasgos antisociales, la película empieza recordándonos al cine de Claude Chabrol, con su aire de crónica de las contradicciones de la misma clase social que retratara el ya fallecido director francés en sus films. Poco a poco, sin embargo, la película va adquiriendo una evidente consistencia de thriller hasta acabar teniendo una factura similar a la de un film de David Fincher, con su estilo frío, cerebral y sin resquicio alguno a la improvisación. Con todo ello, ya estamos diciendo que Hijo de Caín se trata de una magnífica película.








Porque ese cambio de estilo que, sutilmente, la cinta va teniendo no es más que el reflejo del cambio de óptica que la misma nos invita a hacer y que nos lleva a centrar nuestra atención, más que en cuestiones sociales, en el lado personal del MAL, sí, del MAL con mayúsculas, del MAL que anida en una persona y contra el que no parece que tengamos armas con que podamos contrarrestarlo. La utilización del ajedrez como excusa argumental a lo largo del film tiene que ver tanto con esa elección de la perspectiva estrictamente personal (en la medida en que el ajedrez es, en realidad, una lucha del jugador consigo mismo y con sus límites) como con la cuestión de fondo implicada en la lucha contra el MAL: a fin de cuentas, se trata de que los malvados no ganen su particular partida y no logren ver impuesta su voluntad y el ajedrez funciona como perfecta metáfora de ese combate.

Magníficamente dirigida por el debutante Jesús Monllaó, sorprende gratamente que haya podido realizar, en su opera prima, un conjunto tan sólido y consistente, con un firme ritmo narrativo que va graduándose en un inteligente crescendo, una fotografía que remarca hábilmente los tonos fríos en consonancia con la sibilina y malvadamente bien articulada estrategia de la que vamos a ser testigos y un reparto muy bien dirigido que brilla a un nivel notable. Dentro de los actores, es inevitable no mencionar la magnífica interpretación que realiza el joven David Solans: les aseguro que cualquier espectador que vea la película, no la olvidará fácilmente…

El principal problema que le veo al film tiene que ver, básicamente, con un criterio subjetivo mío más que con una razón objetiva claramente fundamentada: las películas excesivamente cerebrales o que funcionan como un perfecto mecanismo de relojería me tienden a dejar frío, de modo que si Seven (1995) de David Fincher o Cadena perpetua (1994) de Frank Darabont me gustaron pero no llegaron a entusiasmarme en exceso, lo mismo me sucede con Hijo de Caín, sin que ello tenga que ser visto como un menoscabo en mi valoración de la calidad del film. Porque, sin duda, se trata del mejor título que hemos visto en los tres días del Festival y, en mi opinión, la primera gran favorita para llevarse la Biznaga de Oro a la Mejor Película de la Sección Oficial.


Nota (de 1 a 10): 7,5.

Lo que más me gustó: La solidez y consistencia del conjunto. La interpretación del joven David Solans.

Lo que menos me gustó: Acaba siendo demasiado cerebral.




* * *

LOS INTRUSOS (III)

Harry Ford se hizo muy pronto una clara composición de lugar. Un grupo de 9-10 clones suelto por Megápolis y pasando completamente desapercibidos. ¿Cómo podían comprar los productos básicos y, simplemente, sobrevivir? Cada persona debía tener su propia Tarjeta Complex, necesaria para todo tipo de adquisiciones, para acceder a cualquier servicio y para desenvolverse en todo acto de la vida cotidiana. La Tarjeta Complex iba asociada al chip identificador. Aunque este era difícil de manipular, la Tarjeta Complex era un caso distinto. Ahí había mayores posibilidades de fraude. Pero, al ir asociada al chip identificador, si alguien quería fabricar una Tarjeta Complex falsa, previamente tendría que haber detectado que el chip correspondía a un clon. Eso suponía un obstáculo adicional desde el punto de vista técnico pero no insalvable. Lo importante era el elemento psicológico de la cuestión: a cualquier ciudadano normal de Megápolis, aunque falsificase Tarjetas Complex, se le pondrían los pelos de punta al darse cuenta de que había clones vivos en el Planeta Tierra. La única posibilidad es que fuera alguien con escasos escrúpulos morales y con un nivel tecnológico elevado. Sólo había una persona que se ajustara a ese perfil: Voss Yaba, uno de los gangsters más peligrosos de la ciudad.

Harry pidió al Comandante un equipo de ocho personas para acceder al Empire Club, el centro de operaciones de las turbias actividades de Yaba. Debían ser doce de las personas más cualificadas del Grupo Operativo porque los matones que andaban repartidos por todo el club eran los sicarios más peligrosos del mundo y con ellos no había que tener contemplaciones. Uno de los miembros mejor preparados del Grupo, Rip Ley, le acompañaría en la visita al despacho de Yaba, visita que se temía que no iba a acabar demasiado bien.

El viernes por la noche, seis agentes infiltrados en la discoteca de Yaba iban vigilando los movimientos de todos quienes casi colapsaban uno de los clubes más famosos de la ciudad. Precisamente por el carácter canalla que saturaba todo el ambiente, producía un morbo inexplicable el estar allí y ver a los extraños sujetos que entraban y salían del despacho del jefe de todo ese tinglado. Cada uno de los agentes, llevaba un Identificador y un Desactivador y sabían que esas dos armas serían suficientes para apagar cualquier resistencia de la guardia de corps del gangster.

Harry sabía que Yaba lo recibiría en el mismo momento en que anunciara su visita. Su número dos les haría pasar dejando a todos quienes aguardaban con ansiedad la autorización para poder ver al jefe con un palmo de narices. Él era un héroe de la guerra contra los clones y Yaba no iba a hacerle esperar con el fin de marcar las distancias y su propio territorio. Sería inútil. Lo mejor era respetar a quien contaba con la admiración ciudadana y ya, según como se desarrollara la conversación, darle largas con elegancia y saber estar.

Todo sucedió según lo previsto. Harry y Rip no tuvieron que esperar más de cinco minutos.

- Es todo un honor poder recibirle en mi humilde local – dijo Yaba-. ¿Qué puedo hacer por usted?

(Era curioso ver cómo se comportaba como si Rip no existiera. El respeto era para Harry. A Rip lo consideraba un don nadie.)

- Es muy fácil, señor Yaba. Usted ha falsificado las Tarjetas Complex a un grupo de 9 o 10 clones. Y queremos saber quiénes son y dónde podemos localizarlos.

Rip se quedó petrificado. No se esperaba que Harry lanzara a bocajarro la acusación al gangster en su propia “casa”. Sin embargo, Yaba reaccionó con suma frialdad.

- ¿Clones? Pero si los clones ya son historia… ¿Cómo puede decirme eso, señor Ford? Yo soy un ciudadano honrado, que quiere cumplir con las leyes y que, bajo ningún concepto, ayudaría a unos clones en caso de que estuvieran en nuestro planeta…

- Señor Yaba. Tenemos ocupado el Empire Club. Y usted sabe que, tratándose de clones, las garantías jurídicas son papel mojado. Podemos arrestar o aniquilar a todos aquellos que puedan resultar sospechosos del delito de colaboración… Así de simple…

Yaba miró fijamente a Harry Ford. Reflexionaba. De repente, se levantó de su butaca y empezó a caminar por el amplio despacho.

- Está claro que esta noche tendremos que poner las cartas sobre la mesa – dijo, por fin, al cabo de casi dos minutos sin hablar-. ¿A usted no le extraña que yo haya podido desarrollar mis actividades durante todos estos años sin que haya habido una acción policial que pusiera fin a las mismas?

- Ese no es mi problema en este momento…

- Se equivoca. Ese es su problema. Más de lo que piensa. ¿De verdad que usted nunca ha sospechado o, ni tan siquiera imaginado o intuido, la verdad sobre todo ese asunto de los clones?

(Continuará…)


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