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martes, 23 de abril de 2013

16º FESTIVAL DE MÁLAGA CINE ESPAÑOL - 2013 // TERRITORIO LATINOAMERICANO (1)



En nuestro seguimiento del Festival de Cine de Málaga, haremos dos paradas en la sección “Territorio Latinoamericano”. México es el país de Latinoamérica donde se registran más visitas a este blog (y el tercero del mundo después de Estados Unidos y España), de forma que vamos a comentar las dos películas mexicanas que participan. Hoy, empezamos con una maravilla que me ha brindado múltiples momentos para la emoción.





EL SUEÑO DE LÚ (o cómo adaptarse a lo inasumible)

TÍTULO: El sueño de Lu. TÍTULO ORIGINAL: El sueño de LuAÑO: 2012. NACIONALIDAD: México. DIRECCIÓN Y GUIÓN: Hari Sama. MÚSICA ORIGINAL: Darío González Valderrama. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Úrsula Pruneda, Gerardo Trejoluna, María del Carmen Farias, Emilio Echeverría, Moisés Arizmendi, María Deschamps, Emiliano Magana, Úrsula Pruneda. PÁGINA WEB OFICIAL: http://www.elsuenodelu.com/.



Hari Sama es un director mexicano que, hasta la fecha, ha rodado tres cortometrajes y dos largos: Sin ton ni Sonia (2003) y El sueño de Lu (2012). Esta última se ha proyectado en la sección Territorio Latinoamericano del Festival de Cine de Málaga y he de decir que se ha tratado de una de las experiencias cinematográficas más hermosas que tenido ocasión de vivir en una sala de cine. Si resumimos el tema de la película, podemos arrugar el entrecejo: una madre (concertista de guitarra) pierde inesperadamente a su hijo y cae en una depresión. Pensaremos que nos vamos a encontrar con un melodrama efectista que caerá en el sentimentalismo facilón. Pero nada más alejado de la realidad. El sueño de Lú logra encontrar la distancia justa y el tono adecuado para convertir la trama en un viaje espiritual en busca del consuelo y la palabra. Porque si hay un concepto central en la película, posiblemente sea el de AUSENCIA o el de PÉRDIDA, ausencia o pérdida que existe antes de que pueda ser verbalizada y razonada. Iremos descubriendo lo que sucede antes de que se nos diga, antes de que alguien pueda comunicarlo. Y es, en ese vacío, en esa incapacidad para definir el sufrimiento, en la imposibilidad de explicar mediante el pensamiento racional el sentido de lo trágico donde anida el desconsuelo y la desesperanza.







La película se divide en tres partes (tres momentos, si hacemos caso a los rótulos que van apareciendo en la pantalla) que corresponden a las tres etapas del viaje que la protagonista tiene que realizar para encontrar la paz interior. Hay un primer momento que podríamos definir como el de la negación de la realidad y del aislamiento. El segundo momento es el del choque con la realidad. Y hay un momento final que es el de la catarsis o purificación. Todo este proceso es retratado por Hari Sama con una delicadeza y una sutileza inenarrables, sin estridencias ni aspavientos, sólo con una capacidad asombrosa para captar las emociones y transmitirlas al espectador en toda su limpieza y pureza.

Con una gran interpretación de la protagonista (Úrsula Pruneda) hay muchos instantes de la película que logran emocionarnos pero la forma en que está narrada la escena en la que la madre arroja las cenizas de su hijo al mar y aquella en la que vuelve a lograr tocar una guitarra después de que la tragedia la llevara a ser incapaz de hacerlo alcanzan una intensidad raramente vista en cualquier tipo de película.

Altamente recomendable, ahora cabe esperar que el film tenga una buena distribución y una promoción adecuada en nuestro país porque constituye un tesoro que vale la pena no perderse.



Nota (de 1 a 10): 8,5.

Lo que más me gustó: La enorme capacidad del director para transmitir la emoción de la historia. La interpretación de Úrsula Pruneda.

Lo que menos me gustó: Sobraban los últimos dos minutos. Tenía que haber terminado cuando ella es capaz de volver a tocar la guitarra.







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